A pocas horas de que la UD Las Palmas afronte esta noche un partido decisivo ante el Leganés, el fútbol se detiene un instante para mirar más allá del césped. En medio de la intensidad del día a día, hablamos con José María Angresola “Mossa”, segundo entrenador del conjunto amarillo y uno de los nombres más queridos y respetados que ha dado El Puig.
Su trayectoria es la de un futbolista que nunca dejó de ser un niño del pueblo: humilde, sensible, trabajador y profundamente agradecido a sus raíces. Hoy, desde el banquillo de un club histórico que pelea por volver a Primera, Mossa sigue creciendo como técnico sin perder la esencia que lo ha acompañado desde sus primeros pasos en el campo de fútbol de El Puig.
En esta conversación sincera y humana, repasamos su vida, sus aprendizajes, su etapa como jugador, su presente como entrenador y su vínculo eterno con El Puig. Una entrevista que llega en un día especial, cuando la tensión previa al partido convive con la serenidad de quien sabe de dónde viene y hacia dónde quiere ir.

1. ¿Qué es lo más bonito que te ha dejado tu infancia en El Puig y que aún hoy te acompaña en cada paso?
Sin duda, todas las vivencias que he tenido desde que nací hasta que me fui con 25 años. En El Puig he pasado mi infancia y mi adolescencia, y conservo a mis amigos de toda la vida, los mismos desde que empecé en el colegio con cuatro años, además de otros que se fueron uniendo con el tiempo. El Puig es mi hogar, mi sitio. Es donde creo que sale mi yo más profundo, sin etiquetas ni focos. Es el lugar donde me siento más yo.
2. Tu familia tiene una fuerte tradición musical. ¿Qué valores positivos te regaló la música que luego te ayudaron en el fútbol profesional?
En mi casa siempre se me transmitió la música de una manera muy especial. Mi abuelo era un gran amante de la música y fue de los primeros dolçainers que hubo en El Puig, si no el primero. Mi padre también fue músico profesional. Desde muy pequeños hemos estado muy ligados a la música, tanto mi hermana como yo, y también mi primo, con quien prácticamente compartimos casa. No identifico algo concreto que me haya ayudado de forma directa en mi trayectoria como futbolista, pero sí estoy seguro de que me ha dado una sensibilidad diferente.
3. ¿Qué recuerdos felices guardas de tus primeros años en El Puig C.E., con apenas seis años?
Lo recuerdo con mucha felicidad. Cada entrenamiento y cada partido lo vivíamos con la única intención de disfrutar. No había presión, solo ilusión. Muchos éramos amigos también fuera del campo, y eso hacía que todo fuese aún más especial. A veces recordamos que llegamos a ganar al Valencia en varias ocasiones o que competíamos de tú a tú con equipos de Primera División en torneos locales.

4. A los 13 años, cuatro chicos de El Puig sois fichados por el Levante. ¿Cómo viviste aquella oportunidad tan especial?
Con el tiempo creo que aquello nos ayudó muchísimo. Si hubiéramos ido por separado, habría sido más difícil. Tenernos cerca era sentirnos protegidos. Éramos amigos, llevábamos mucho tiempo juntos y eso nos dio seguridad para disfrutarlo de verdad.
5. ¿Cuándo sentiste por primera vez que el fútbol podía convertirse en tu futuro?
En el último año de juvenil. Ya había debutado con el filial en Segunda B siendo juvenil y disputamos un gran COTIF. Pero el momento clave fue el debut en Segunda División con 19 años. Ahí sentí que estaba muy cerca, que podía ser real.
6. Debutas en Segunda División con 19 años. ¿Qué emoción recuerdas con más fuerza?
Muchísima felicidad. Recuerdo el cambio, el minuto exacto, la sensación de pisar el campo. Participé en el último gol, que nos dio tranquilidad. Fue un momento de enorme alegría y de ilusión por cumplir un sueño. Le agradezco profundamente a Luis García Plaza que confiara en mí en un momento complicado del partido.
7. En el Nàstic viviste un año extraordinario. ¿Qué te enseñó ese éxito colectivo?
Fue una etapa muy importante en mi vida. Ese año hicimos soñar a toda una ciudad. Éramos un grupo joven, humilde y con ambición. Estuvimos muy cerca de algo que parecía inalcanzable. El final no fue el esperado, pero aprendí que lo importante es disfrutar del camino.

8. Oviedo se convierte en tu casa durante cinco años. ¿Qué te llevas de esa etapa?
Oviedo fue mi casa, me marca. Al final fueron cinco años, los últimos de mi carrera, y los viví de una manera muy especial.
En Oviedo es difícil no vivir el día a día de otra forma. Cuando uno llega a un club como el Oviedo se da cuenta de que es diferente. El Oviedo es su gente, está en los corazones de la gente, y cuando conoces su historia entiendes por qué es así.
Oviedo me ha dado muchas alegrías, pero también frustraciones. He pasado momentos difíciles a nivel personal cuando las cosas no salían, tanto colectivamente como individualmente. Pero es la vida, y en el fútbol muchas veces se refleja también.
No lo cambiaría por nada. Todos los sitios en los que he estado han hecho que sea quien soy hoy, y Oviedo me ha marcado muchísimo porque fue una etapa larga y quizá la más madura de mi carrera.
Sin duda, a todo el mundo le viene a la cabeza ese partido del derbi, tras 15 años sin disputarse en casa frente al Sporting de Gijón, en el que marqué dos goles y remontamos el partido. Fue un encuentro muy especial, porque significó volver a sentir que el Oviedo estaba muy vivo y que era capaz de competir y estar por encima de su máximo rival.
9. Allí conoces a tu mujer y te casas en El Puig. ¿Cómo te fortaleció esa estabilidad personal?
En el fútbol se vive todo con mucha intensidad. Tener a alguien que te ayuda a relativizar y a ver que no todo es tan negro es fundamental. Estoy muy agradecido por haber tenido ese apoyo en los momentos complicados.
10. Tu paso por Huesca te dio tu primera experiencia en un cuerpo técnico profesional. ¿Qué aprendiste?
El mayor aprendizaje fue sentir que tenía que aprender, mejorar y trabajar mucho para poder ayudar más a los jugadores y, en definitiva, al equipo.
Era el inicio y en mi caso me ayudó mucho hacerlo con un entrenador al que ya conocía, porque había sido jugador suyo durante dos años. Eso me permitió entender perfectamente lo que quería y cómo trabajaba.
Aun así, sentí que tenía que desarrollar más capacidades y adquirir más recursos para poder ayudar más y mejor a los jugadores.
11. Dedicas un año entero a formarte y viajar. ¿Qué descubriste?
Bueno, la verdad es que fue algo más de un año y lo disfruté muchísimo.
Tenía muy claro que quería y necesitaba aprender y mejorar. Creo que uno, como entrenador, nunca deja de evolucionar y tiene que ser capaz de autoexigirse ese crecimiento, porque el juego va muy rápido y, si no evolucionas, te quedas atrás.
En ese momento tenía tiempo para hacerlo, algo que luego en el día a día de un cuerpo técnico es más difícil porque te absorbe completamente.
Así que fue una gran experiencia y un periodo que aproveché para crecer en muchos aspectos, no solo en lo táctico, que parece lo más evidente, sino también en otras áreas.
Quizá la parte de los viajes fue la más bonita, la que más disfruté. Pude estar en sitios de máximo nivel, donde me trataron de forma excepcional, y compartir tiempo con entrenadores de élite, de los que también aprendí muchísimo.

12. En Qatar vives una experiencia muy especial. ¿Qué te sorprendió para bien?
Qatar ha hecho una apuesta impresionante por el deporte. Tienes recursos que no encuentras en otros lugares. A nivel cultural, es un país muy diferente y te tienes que adaptar. Entrenar en pleno Ramadán condiciona muchísimo la preparación de un partido.
13. Participar en la fase de clasificación para un Mundial es algo único. ¿Qué orgullo te llevas?
Sentir el himno nacional y saber que jugábamos por el sueño de un país fue increíble. Nos sentimos partícipes de que hoy puedan estar en el próximo Mundial.
14. Llegas a Las Palmas para un proyecto ambicioso. ¿Qué te enamoró del reto?
La forma de sentir el juego. Un equipo alegre que controla y domina el partido a través del balón. Nos identificamos totalmente con esa idea.

15. ¿Cómo se gestiona la presión de intentar devolver a un club histórico a Primera?
Son muchos años viviendo en este mundo y uno aprende prácticamente a convivir de forma natural con la presión. Todas las experiencias que has tenido como jugador te sirven a la hora de gestionar como entrenador y, en este caso, con más edad y más madurez.
Creo que es muy importante tener estabilidad emocional, tener claro que es lo que buscas y ser muy firme en tus creencias, entender que a veces las cosas pueden ir no como uno quiere, pero uno es el mismo que cuando las cosas han ido bien y no perder el norte ni influenciarse por el entorno o lo que puedan decir. Somos profesionales, entendemos que el mundo en el que vivimos puede estar muy supeditado a la opinión y a la critica, pero uno se tiene que mantener al margen y creer en si mismo.
16. ¿Te imaginas dando el salto a primer entrenador?
Lo tengo en el foco, pero no pienso en ello ahora. Estoy disfrutando mucho, creciendo cada día y rodeado de personas que me ayudan a mejorar. Si llega el momento, será porque me siento preparado. Me siento muy afortunado de estar en el cuerpo técnico y club en el que estoy.
17. ¿Qué es lo más bonito y lo más difícil de gestionar un vestuario profesional?
Lo más bonito es poder ayudarles a ser mejores, también a nivel personal. Lo más difícil es gestionar al jugador que no juega. Es complicado transmitirle que confías en él cuando no tiene minutos, aunque sea verdad.

18. ¿Qué herramientas personales te ayudan a vivir la presión de forma sana?
El deporte, mi familia y mis amigos. Hacer deporte me da estabilidad emocional. Y jugar con mis hijas es lo que más feliz me hace.
19. ¿Qué te ha enseñado el fútbol sobre resiliencia?
A trabajar en equipo, a tener disciplina, a esforzarme, a insistir incluso cuando las cosas no salen. Siempre hay una nueva oportunidad.
20. Después de tantos años representando a El Puig, ¿sientes que tu trayectoria merece algún reconocimiento?
Nunca me lo he planteado. Creo que yo le debo más al pueblo que El Puig a mí. Mi mayor reconocimiento es que mi familia, mis amigos y la gente que me quiere estén orgullosos de mí como persona.
21. ¿Qué es lo que más echas de menos de vivir lejos de tu familia y de El Puig?
El tiempo que no paso con ellos. Sé que no va a volver, y eso duele. Pero me siento un privilegiado por poder elegir esta vida.
22. ¿Te ves volviendo algún día a tu pueblo de forma definitiva?
Por supuesto. Algún día volveré y será para quedarme. El círculo se cierra allí. El Puig son mis raíces, mi esencia, mi hogar.
23. ¿Qué mensaje darías a los niños que empiezan en el equipo del pueblo? ¿Y a sus padres?
A los niños: que disfruten y que sueñen mucho. Ser futbolista profesional es muy difícil, pero soñar ayuda. Yo nunca fui el mejor, pero soñé muchísimo y eso me hizo exigirme, aprender y luchar cada día. A los padres: que acompañen sin presionar, que estén presentes, que animen cuando las cosas no salgan bien. Un niño crece de verdad cuando se siente apoyado.

La historia de un niño que soñó sin límites y trabajó sin descanso
En un mundo como el del fútbol profesional, donde los focos deslumbran, las prisas devoran y la presión amenaza con borrar la esencia de cualquiera, escuchar a Mossa es recordar que todavía existen personas capaces de conservar intacto aquello que los hizo empezar. Él lo ha logrado. No ha perdido la humildad, ni la sensibilidad, ni esa forma limpia de mirar la vida que tenía cuando era un niño corriendo por el campo de El Puig.
Su trayectoria demuestra que se puede vivir en la élite sin dejar de ser uno mismo. Que se puede viajar por estadios, países y culturas sin olvidar el origen. Que se puede crecer, evolucionar y asumir responsabilidades enormes sin renunciar a la autenticidad. Mossa lo ha hecho siempre así: con trabajo, con respeto, con una serenidad que no se compra y con una gratitud que nace de dentro.
Porque, por encima de los ascensos, los derbis, los himnos y los banquillos, Mossa lleva en el corazón a su pueblo y a su gente. Lleva a El Puig en cada decisión, en cada paso, en cada victoria y en cada duda. Lo lleva como quien guarda un tesoro, como quien sabe que su identidad no se negocia, como quien entiende que el éxito solo tiene sentido si no te aleja de lo que eres. Y lo lleva también en su apodo, Mossa, heredado de su tatarabuelo, un legado familiar que porta con orgullo y que le recuerda quién es, de dónde viene y qué valores lo sostienen.
Y quizá por eso su historia emociona: porque es la historia de un niño que soñó fuerte, que trabajó sin descanso y que, incluso viviendo dentro de un fútbol que a veces empuja a olvidar, nunca dejó de ser él mismo. Un niño del Puig que creció sin perderse. Un hombre que sigue soñando con la misma humildad con la que empezó.
Desde La Veu del Puig, le agradecemos profundamente que nos haya atendido en una agenda tan apretada, y le deseamos toda la suerte del mundo para el partido de esta noche contra el Leganés y para el resto de la temporada, con el deseo de que puedan lograr ese ansiado ascenso a Primera División con la UD Las Palmas. Y, por supuesto, esperamos verlo pronto disfrutando por las calles de El Puig, su pueblo, el lugar donde empezó todo.

