El espíritu mercedario ha brillado con fuerza este domingo en Castellón, donde la parroquia de San José Obrero ha acogido el XXXIX Encuentro de Seglares Mercedarios, una cita que ha reunido a 270 participantes procedentes de 20 parroquias de la Comunidad Valenciana, Aragón, Cataluña y Mallorca bajo el lema “La Merced, grito de paz y libertad”. Entre todos ellos, ha destacado la presencia del grupo de 36 vecinos de El Puig, cuya participación ha sido especialmente significativa por su implicación previa y por la intensidad con la que han vivido la jornada.

A las 9:00 horas, el grupo partía desde El Puig encabezado por el párroco Don Manuel Anglés, en un desplazamiento que simbolizaba meses de trabajo y preparación. Y es que cada parroquia había designado a dos representantes para participar en la fase organizativa celebrada en el Monasterio de Santa María del Olivar, en Estercuel (Teruel). En el caso de El Puig, los elegidos fueron Elvira y Emilio, quienes han contribuido activamente a dar forma al programa y a coordinar los contenidos del encuentro.

Testimonios que estremecen: la Merced como motor de transformación personal
El momento más intenso de la mañana llegó con los testimonios personales, una tradición profundamente arraigada en estos encuentros y que este año alcanzó una fuerza especial.
La primera intervención fue la de una voluntaria que trabaja con personas privadas de libertad, quien relató cómo el carisma mercedario —centrado en la dignidad, la redención y la libertad interior— ha transformado su forma de acompañar a los reclusos y de entender la misericordia como acción concreta.
El segundo testimonio, recibido con un silencio absoluto y un aplauso largo y emocionado, fue el de una mujer que había vivido años de adicción, marginalidad y prisión, y que explicó cómo la Merced le abrió un camino de reconstrucción personal. Su relato, sincero y estremecedor, se convirtió en uno de los momentos más recordados del encuentro.
Tras los testimonios, se celebró una Eucaristía participativa en la que cada parroquia tuvo un papel activo. Lecturas, ofrendas y cantos fueron compartidos por los distintos grupos, simbolizando la unidad de la familia mercedaria y su compromiso común con los valores de paz, libertad y servicio.

Comida fraterna en Almassora y regreso a casa
Finalizado el encuentro, los asistentes se desplazaron hasta Almassora, donde compartieron una comida fraterna que sirvió para estrechar lazos entre parroquias y poner en común experiencias, proyectos y vivencias. Los vecinos de El Puig, por su cercanía con Castellón, fueron de los últimos en emprender el regreso y, alrededor de las 17:30 horas, ya estaban de vuelta en casa tras una jornada intensa, emotiva y profundamente enriquecedora.
Al término del encuentro, Don Manuel Anglés valoró la jornada con palabras cargadas de emoción y gratitud: “Ha sido un encuentro precioso, de esos que te recuerdan por qué caminamos juntos. Hoy hemos compartido fe, testimonios y fraternidad. Los vecinos de El Puig han disfrutado muchísimo y hemos vuelto a casa con el corazón lleno”, afirmó.
El párroco quiso subrayar también la vigencia del carisma mercedario: “La Merced sigue siendo un grito de libertad y de esperanza, y encuentros como este nos ayudan a mantener vivo ese espíritu que libera, acompaña y transforma”.

Un encuentro que renueva la fuerza viva de la Merced
El XXXIX Encuentro de Seglares Mercedarios no ha sido solo una cita anual ni un simple punto de reunión entre parroquias. Ha sido, sobre todo, una demostración palpable de que el carisma mercedario sigue latiendo con fuerza en las comunidades que lo encarnan día a día. La presencia de los 36 vecinos de El Puig, plenamente integrados en la dinámica del encuentro, ha puesto de manifiesto que la Merced no es un legado estático, sino una forma de vivir, de mirar al otro y de construir libertad desde lo cotidiano.
La jornada celebrada en Castellón ha recordado que la fe, cuando se comparte, se multiplica; que los testimonios, cuando se escuchan con el corazón abierto, se convierten en semillas de transformación; y que la comunidad, cuando camina unida, es capaz de sostener, acompañar y liberar. Los relatos escuchados esta mañana —desde la entrega silenciosa en las prisiones hasta la reconstrucción de una vida marcada por la adversidad— han sido un espejo de lo que la Merced representa: dignidad, redención, misericordia y esperanza.
Para los vecinos de El Puig, este encuentro ha supuesto mucho más que una salida dominical. Ha sido un espacio de renovación interior, de convivencia fraterna y de reafirmación de su identidad mercedaria. Y en un mundo marcado por la prisa, la fragmentación y la incertidumbre, encuentros como este se convierten en un faro que ilumina el camino, recordando que la libertad es un compromiso, la paz una tarea diaria y la fe compartida una fuerza capaz de abrir horizontes nuevos.

