La Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig celebró ayer lunes su acto de fin de curso, una jornada marcada por la solemnidad, la reflexión espiritual y la fraternidad. A las 20.00 horas, los miembros de la Orden, encabezados por el Lugarteniente Mayor, Don Pedro Ballester, y el Gran Canciller, Don Juan Cañizares, se reunieron en la Iglesia del Real Monasterio para participar en una misa presidida por el Padre Manuel Anglés.

La ceremonia comenzó con la liturgia habitual, pero alcanzó su momento más profundo con la homilía del Padre Manuel, centrada en la mirada interior, la virtud y la construcción espiritual del cristiano. El sacerdote reflexionó sobre un mundo marcado por guerras, enfrentamientos y desunión, que puede llevar a percibir la realidad como algo inevitablemente negativo. A partir de esta idea, desarrolló una metáfora sobre las “gafas de sol” que oscurecen la mirada: protegen, pero impiden que otros vean los ojos, y por tanto, la verdad interior.
Recordó que la mirada es el rasgo que más identifica al ser humano y que, cuando se vuelve limpia y transparente, permite descubrir la presencia de Dios en medio del mundo. Desde ahí, articuló su mensaje en torno a siete pilares espirituales: la fe, la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la piedad y el cariño fraterno, explicando cómo cada uno de ellos construye la vida cristiana del mismo modo que las piedras del templo del Monasterio conforman un edificio sólido, bello y coherente.

Una cena de hermandad para fortalecer la fraternidad y compartir proyectos
Tras la misa, los miembros de la Real Orden se trasladaron al Huerto de Santa María, donde disfrutaron de una cena de hermandad en un ambiente distendido. Fue un momento propicio para estrechar lazos, compartir vivencias y reforzar la fraternidad que caracteriza a la institución.
Durante la velada, el Padre Manuel continuó ilustrando a los asistentes con historias sobre el Monasterio, anécdotas, recovecos y secretos que guarda la historia del edificio, enriqueciendo la noche con su profundo conocimiento del patrimonio espiritual y arquitectónico del lugar.
El Lugarteniente Mayor, Don Pedro Ballester, tomó la palabra para realizar un brindis por el curso que finaliza y poner en valor todo lo que representa la Real Orden: el trabajo de sus hermanos, la defensa de la fe, la custodia de la tradición y el futuro brillante que se abre ante la institución.

A continuación intervino el Gran Canciller, Don Juan Cañizares, quien ofreció un detallado resumen de los proyectos en marcha: convenios con administraciones y organismos de alto nivel, iniciativas solidarias con entidades como Cáritas, Ciudad de la Esperanza y el hospital que se está finalizando en Mozambique gracias al apoyo económico de la Real Orden. También repasó los premios académicos organizados conjuntamente con La Veu del Puig, a los que recientemente se ha sumado el apoyo del Consell Valencià de Cultura, así como la próxima implantación de un sistema de newsletters internas para mantener informados a todos los hermanos.
Además, el Gran Canciller anticipó la futura puesta en marcha de nuevas iniciativas que favorezcan la participación interna de todos los miembros, incluso de aquellos que no forman parte de los órganos de representación, para que puedan colaborar en los proyectos presentes y futuros de la Orden. Y finalizó subrayando que son muchas las acciones que se están preparando con motivo del 750 aniversario de la muerte de Jaume I, un hito histórico que involucra directamente a la Real Orden como garante y defensora de la memoria histórica valenciana.
Aunque el acto de ayer marca el cierre oficial del curso, la actividad de la Real Orden no se detiene. Este próximo domingo, los miembros de la Real Orden participarán de manera destacada en la procesión del Corpus Christi, una de las celebraciones más solemnes del calendario litúrgico, reafirmando así su compromiso con la fe, la tradición y el servicio público.

Una Orden que honra su legado, fortalece su misión y proyecta futuro
La jornada de fin de curso volvió a demostrar que la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig es una institución viva, comprometida y profundamente unida por la fe, la fraternidad y el servicio. La misa, la homilía del Padre Manuel y la cena de hermandad en el Huerto de Santa María pusieron de manifiesto la fuerza espiritual y humana que sostiene a la Orden, así como la magnitud de los proyectos que impulsa en beneficio de la sociedad, la cultura y la identidad valenciana.
Desde La Veu del Puig, agradecemos sinceramente a la Real Orden su invitación a compartir una velada que no solo cierra un curso repleto de iniciativas, trabajo y compromiso, sino que reafirma la importancia de preservar y proyectar los valores que nos definen como pueblo. Una noche que, como el propio Monasterio, quedará grabada como un testimonio de unidad, tradición y esperanza.

