La Parroquia de El Puig celebra su fiesta de fin de curso con una misa multitudinaria y una cena que reunió a cerca de un centenar de feligreses

LA VEU DEL PUIG

Jun 13, 2026 | Noticias

La Parroquia de El Puig celebró ayer su fiesta de fin de curso, una cita que este año coincidió con la Fiesta del Corazón de Jesús, dando lugar a una jornada especialmente significativa para toda la comunidad. La combinación de ambas celebraciones generó un ambiente de unidad, gratitud y convivencia que marcó el cierre del curso pastoral.

La tarde comenzó a las 8 de la tarde con una misa presidida por el Padre Melchor, que reunió a numerosos fieles en un clima de recogimiento y participación. Desde la parroquia destacan que fue una celebración “serena, emotiva y muy acompañada”, vivida como un gesto de agradecimiento por todo lo compartido durante el año.

A las 9 de la noche tuvo lugar la cena comunitaria, que en otros tiempos se conocía como la cena de colaboradores, pero que ahora se concibe como una cena parroquial abierta a todos los feligreses. En torno al refectorio se reunieron entre 85 y 90 personas, compartiendo mesa, conversación y un ambiente fraterno que reflejó la vitalidad de la parroquia.

Durante la velada se realizó un pequeño fotocall, un gesto simbólico para agradecer “hacer parroquia”, lema que marcó el espíritu de la celebración y que resume el sentido profundo del encuentro.

La cena reunió a una amplia representación de los grupos parroquiales que sostienen la vida diaria de la comunidad. Estuvieron presentes la Cofradía de la Virgen, la Cofradía de Santa Rita, el grupo de limpiadoras de la iglesia, las catequistas de Primera Comunión, las catequistas de Confirmación, las personas voluntarias de Cáritas, los grupos sinodales y numerosas familias y feligreses que participan activamente en la vida parroquial. Una muestra clara de la riqueza humana y espiritual que sostiene el día a día de la parroquia.

Entre los asistentes se encontraban también el alcalde de El Puig, Marc Oriola, la concejala de Mayores, Mari Carmen Gozálvez, y otros miembros de la corporación municipal como Abel de Tomás, que quisieron acompañar a la comunidad parroquial en esta jornada tan especial.

El Padre Manolo quiso resumir lo vivido con una mirada cercana y profundamente humana: “Lo más bonito de ayer fue ver cómo la gente se encontraba de verdad. Había un ambiente natural, sencillo, de esos que nacen solos cuando una comunidad se siente unida. Cuando decimos ‘gracias por hacer parroquia’ pensamos en las personas, en esos pequeños gestos que sostienen todo sin hacer ruido. Ayer se veía muy claro: cada uno aportaba algo, y juntos creamos un clima que da vida a la parroquia”.

La Parroquia de El Puig, un corazón comunitario capaz de unir, sostener y dar sentido

La celebración de fin de curso dejó algo más que una noche de convivencia: dejó la evidencia de que la Parroquia de El Puig posee una capacidad singular para tejer comunidad, para convocar a generaciones distintas en un mismo espacio y para convertir cada gesto cotidiano en un acto de pertenencia. No es solo un templo ni un conjunto de grupos organizados; es un ecosistema vivo, un lugar donde la fe se mezcla con la vida y donde la vida encuentra un refugio, un ritmo y un propósito compartido.

La parroquia demuestra, año tras año, que sabe acoger, escuchar y acompañar, que es capaz de integrar a quienes participan activamente en grupos estructurados y también a quienes se acercan de forma discreta, sin protagonismos, pero con la misma voluntad de sumar. Su fuerza no reside únicamente en la actividad pastoral, sino en la madurez comunitaria que ha sabido construir: una red de vínculos que sostiene, que anima y que hace posible que cada persona encuentre su sitio.

Este fin de curso ha vuelto a mostrar que El Puig cuenta con una parroquia que no se limita a organizar actos, sino que cultiva relaciones, que reconoce el valor de cada servicio —desde las catequesis hasta Cáritas, desde las cofradías hasta las limpiadoras de la iglesia— y que entiende que la grandeza de una comunidad se mide en la gratitud compartida y en la capacidad de caminar juntos.

Con la llegada del verano, la parroquia no cierra un ciclo: abre una nueva etapa, reafirmando su papel como uno de los grandes motores sociales, espirituales y humanos del municipio. Una parroquia que no solo celebra, sino que inspira; que no solo reúne, sino que transforma; que no solo acompaña, sino que impulsa.

Porque en El Puig, hacer parroquia no es una frase: es una forma de vivir. Una forma de construir comunidad. Una forma de seguir adelante, juntos.

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