Las escaleras de la iglesia de El Puig se transformaron este viernes en un acogedor anfiteatro bajo el cielo de julio. Desde mucho antes de las 21:45 horas, familias enteras, grupos de amigos y vecinos de todas las edades fueron ocupando cada peldaño para vivir una nueva edición del Cine de Verano, una tradición que cada año reafirma su papel como uno de los encuentros culturales más queridos del municipio.

La película elegida para esta velada fue «Robot Salvaje», una producción que ha conquistado a crítica y público por su sensibilidad, su belleza visual y su capacidad para emocionar a espectadores de todas las generaciones. Los más pequeños quedaron fascinados desde el primer instante con ROZ, la robot que, tras naufragar en una isla deshabitada, debe aprender a sobrevivir en plena naturaleza, comprenderla y convivir con ella. Los adultos, por su parte, encontraron en la historia una lectura más profunda: la de la adaptación, la empatía y la inesperada ternura que surge cuando alguien —o algo— descubre que también puede cuidar.
La proyección avanzó entre risas, silencios atentos y ese tipo de emoción compartida que solo se produce cuando un pueblo se reúne para vivir cultura en comunidad. Los niños señalaban a los animales que acompañan a ROZ en su aventura; los mayores comentaban la belleza de la animación y la fuerza del mensaje; y todos disfrutaron de una noche que combinó entretenimiento, valores y convivencia.
La organización fue impecable: sonido nítido, pantalla perfectamente instalada y un ambiente que invitaba a quedarse incluso después de los créditos. El Puig volvió a demostrar que el cine, cuando se vive al aire libre y en compañía, se convierte en una experiencia que va mucho más allá de la película.

