Más de 400 vecinos abarrotan la Plaza del Ayuntamiento en una noche histórica que lleva a la Selección a la final del Mundial 16 años después

LA VEU DEL PUIG

Jul 15, 2026 | Noticias

La Plaza del Ayuntamiento de El Puig de Santa Maria vivió anoche una de esas veladas que ya forman parte de la historia emocional del municipio. Más de 400 personas se reunieron para seguir en pantalla gigante la semifinal del Mundial 2026 entre España y Francia, en un ambiente festivo que mezcló banderas, camisetas, sillas plegables, cenas improvisadas y una expectación que se palpaba desde mucho antes del inicio del encuentro.

La plaza, completamente abarrotada, se transformó en un estadio al aire libre donde cada pase, cada ocasión y cada parada se celebraban como si el partido se jugara a escasos metros. El Puig volvió a demostrar que el deporte, cuando se vive en comunidad, es mucho más que una competición: es identidad, emoción y unión.

La semifinal comenzó con tensión, pero España pronto encontró su ritmo. Desde la plaza, cada jugada se vivía con una intensidad que hacía vibrar el ambiente. El primer estallido llegó con el gol de Mikel Oyarzabal, que transformó con serenidad un penalti que levantó a toda la plaza de sus sillas. El grito fue unánime, atronador, acompañado de abrazos, banderas al viento y un sentimiento compartido de que la final estaba más cerca.

Francia trató de reaccionar, pero España mantuvo el pulso. Y cuando el encuentro parecía encaminarse a un final ajustado, llegó el momento que desató la locura: Pedro Porro, con un disparo seco y preciso desde la derecha, firmó el segundo gol que hizo temblar El Puig como pocas veces. La plaza se convirtió en un mar de euforia: niños saltando, familias celebrando, amigos coreando el nombre del lateral español mientras la pantalla repetía la jugada una y otra vez.

El tramo final se vivió con nervios, pero también con la confianza de un público entregado. Cada despeje, cada recuperación y cada minuto que caía en el marcador acercaban a España a una final que ya se intuía inevitable. Cuando el árbitro señaló el final, la plaza explotó en una celebración que mezcló orgullo, emoción y un sentimiento de unidad difícil de describir.

La Plaza del Ayuntamiento, convertida en el corazón del pueblo

La retransmisión reunió a familias enteras que acudieron con sus propias sillas y cena, creando un ambiente cercano, festivo y comunitario. La plaza se llenó de colores rojigualdos, camisetas de la selección y un entusiasmo que se mantuvo durante todo el encuentro.

La escena fue profundamente intergeneracional: los más pequeños vivieron su primera gran noche de fútbol rodeados de vecinos; los jóvenes animaron sin descanso; los mayores siguieron cada jugada con la emoción de quien ha vivido muchas noches históricas. El Puig volvió a demostrar que sabe hacer pueblo cuando se reúne, cuando comparte y cuando celebra.

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