Más de 1.000 personas llenan el sopar de penyes y Sant Roc lanza un capote tras la segunda tallà

LA VEU DEL PUIG

Ago 10, 2026 | Noticias

El Puig vivió este segundo fin de semana de Sant Roc con una participación masiva y un desarrollo festivo que confirma el excelente estado de la celebración. Los Clavarios 2026 afrontaron dos jornadas de alta exigencia organizativa que combinaron gastronomía popular, tradición taurina y momentos de especial carga emocional.

Viernes: un sopar de penyes que supera el millar de asistentes

A las 15:00 h, los Clavarios 2026 se reunieron en La Fonda para preparar los bocadillos del sopar de penyes. La previsión inicial quedó rápidamente superada: más de 1.100 bocadillos de magro con tomate, cifra que obligó a acudir a la carnicería para adquirir más carne y completar el reparto.

A las 21:00 h, los bocadillos ya estaban dispuestos en la plaza Félix Ramajo, donde la afluencia superó el millar de personas que cenaron y disfrutaron de la actuación de la Orquesta Sideral, patrocinada por el Ayuntamiento de El Puig, hasta las 4:00 h de la madrugada.

Finalizada la música, los clavarios volvieron a La Fonda para compartir un rato de convivencia que se prolongó hasta las 6:00 h.

Sábado: tradición taurina, homenaje y noche de embolados

A las 10:00 h, los Clavarios 2026 iniciaron la preparación del recinto taurino en la plaza de la Constitución, colocando barreras, cerrando el recorrido y extendiendo la arena. A las 14:00 h, recuperaron fuerzas con una fideuà en La Fonda antes de participar en la xaranga. A las 17:00 h, comenzó la baixà de caixons.

A las 18:00 h, la plaza vivió un momento especialmente emotivo al cumplirse 30 años de Sant Roc 1996, edición recordada por el célebre toro Cuernos Nobles. Los Clavarios 2026 entregaron un ramo de flores a un miembro de aquella comisión por el reciente fallecimiento de su hermano, gesto recibido con un prolongado aplauso.

Acto seguido comenzó la desencajonada de los dos toros de la tarde —un ejemplar de Domínguez Camacho y otro de El Parralejo— seguidos por vacas de El Saliner, ante una gran presencia de aficionados.

Con motivo del aniversario, La Taska celebró un tardeo remember con DJ de la discoteca Win’s, que reunió a los 13 festeros de 1996 que volvieron a ser una familia 30 años después.

A las 23:00 h, la calle Castellón acogió el sorteo de les tallaes. Los agraciados fueron Yago, Cristian y Mario.

La noche dejó un momento de máxima tensión: tras cortar la cuerda del segundo toro, Cristian tropezó y el animal volvió a por él, obligando a Sant Roc a lanzar un capote que evitó una cogida que parecía inevitable.

Los festejos taurinos concluyeron alrededor de las 3:30 h de la madrugada del domingo tras una noche de recortes y mucha afición. Los clavarios iniciaron la recogida del recinto: carga de toros, retirada de pilones, arena y apertura del recorrido. A las 6:00 h, la jornada quedó cerrada.

Este lunes por la tarde, los Clavarios 2026 volverán a reunirse para limpiar los corros y preparar el recinto para los actos del próximo fin de semana.

La llama de Sant Roc continúa encendida

Hay momentos en la vida de un pueblo que no se explican con palabras, sino con piel. Instantes que no pertenecen a la lógica, sino a la tradición profunda, a esa fe que no necesita templos porque se sostiene en la plaza, en la arena, en la mirada compartida de miles de vecinos. El sábado por la noche, cuando Cristian tropezó, cuando el toro le pasó por encima y, al levantarse, el animal se giró para ir de nuevo a por él, El Puig sintió que estaba viviendo uno de esos momentos que quedan grabados para siempre.

No hubo capote físico. No hubo manos humanas entre el toro y el recortador. Hubo algo distinto: un segundo suspendido, un silencio que heló la plaza y, de repente, un giro inexplicable, una desviación mínima pero decisiva que permitió que Cristian alcanzara la barrera.

Muchos lo dijeron después, sin necesidad de exagerar: “Ha sido el capote de Sant Roc.”

Como el capote de San Fermín en Pamplona, aquí, en El Puig, se sintió que el santo había intervenido. No para cambiar la historia, sino para evitar que se rompiera. Un capote invisible, un gesto protector que forma parte de esa magia que solo aparece cuando la devoción y el riesgo se encuentran en el mismo punto exacto del tiempo.

Ese capote invisible es la metáfora perfecta de lo que es Sant Roc: una fiesta que protege, que une, que sostiene; una tradición que no se hereda, se vive; un pueblo que no mira la fiesta desde fuera, sino desde dentro, desde el corazón.

Porque Sant Roc también es el homenaje a los festeros de 1996, el ramo de flores que une generaciones, el tardeo que recupera historias que ya son patrimonio emocional del municipio. Es la arena extendida al amanecer, los cajones bajados con precisión, las barreras colocadas con cuidado, los clavarios que trabajan cuando nadie los ve para que todos puedan disfrutar cuando la plaza se llena.

Y ahora, con la emoción todavía reciente, Sant Roc continúa. Todavía nos queda mucho por celebrar hasta el último sábado de agosto, cuando El Puig cerrará un mes intenso de fiesta, tradición y orgullo compartido. Quedan más bous al carrer, la Nit d’Albaes, las calles vibrando, las voces mezclándose con la música y el olor a pólvora que anuncia que el verano está en su punto más alto.

Mientras tanto, la llama de Sant Roc sigue encendida.

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