La Montaña de La Patà se convirtió ayer en el epicentro de la observación del eclipse solar en El Puig, reuniendo a cientos de personas atraídas por sus vistas completamente despejadas hacia el oeste y por su posición elevada, que ofreció una perspectiva privilegiada del fenómeno. Desde las 18.00 horas, la subida registró un flujo constante de público: familias, grupos de amigos, aficionados a la astronomía y visitantes llegados de otras localidades fueron ocupando la ladera equipados con sombrillas, alfombras, neveritas, cámaras y telescopios, creando un ambiente de expectación que fue creciendo a medida que avanzaba la tarde.

La imagen era la de un anfiteatro natural. Pequeños grupos repartidos por la montaña y un conjunto numeroso de más de 50 personas en una de las zonas más altas reflejaban la diversidad de asistentes, entre los que se encontraban niños, padres, madres y abuelos. La mayoría acudió con gafas protectoras, imprescindibles para observar el eclipse sin riesgo para la vista, en una muestra de responsabilidad colectiva que marcó toda la jornada.
Entre los asistentes destacó José Luis Sánchez Romero, llegado expresamente desde Vera (Almería) junto a sus dos hijas. Aficionado a la astronomía, compartió explicaciones y detalles del fenómeno con otros observadores mientras lo vivía con entusiasmo. “He venido desde Almería solo para ver el eclipse”, explicaba, antes de detallar que habían planificado el viaje con antelación, reservando hotel en Valencia y eligiendo La Patà por sus excelentes vistas al horizonte, ideales para seguir el eclipse en su totalidad.

A las 19.45 horas comenzó el espectáculo astronómico. El silencio se extendió por la montaña mientras la luna iniciaba su avance sobre el sol. El momento culminante llegó a las 20.33 horas, cuando la luna cubrió por completo el disco solar, provocando una oscuridad repentina y un descenso notable de la temperatura. El anillo solar se observó con total nitidez desde La Patà, convirtiendo el paisaje en una escena excepcional que dejó sin palabras a los asistentes. Apenas un minuto después, el primer rayo de sol emergió entre la sombra, iluminando el horizonte y desatando aplausos y exclamaciones de emoción.

La elección de La Patà añadió un valor simbólico a la jornada. En este enclave, donde se inició la Reconquista del Reino de Valencia, la observación del eclipse unió astronomía, historia y patrimonio, reforzando su papel como espacio identitario del municipio. Consciente de la afluencia prevista, el Ayuntamiento de El Puig decidió proteger la excavación arqueológica que se está realizando en la parte alta de la montaña y cerró el acceso a esa zona, una medida que permitió preservar el yacimiento sin impedir la observación del fenómeno desde el resto de la ladera.
Con el sol ocultándose por el horizonte mientras el eclipse aún continuaba, los asistentes iniciaron el descenso de la montaña de forma ordenada, compartiendo impresiones sobre una vivencia que muchos calificaron como única e irrepetible. La jornada dejó una imagen clara: La Patà volvió a demostrar su capacidad para reunir a la comunidad en torno a momentos que ya forman parte de la memoria colectiva de El Puig.
Un eclipse que une ciencia, comunidad y territorio
El eclipse solar observado desde la Montaña de La Patà no solo dejó imágenes espectaculares: confirmó la capacidad de este enclave para convertirse en un punto de referencia territorial, capaz de reunir a cientos de personas en torno a un fenómeno natural extraordinario. La combinación de astronomía, patrimonio histórico y participación ciudadana convirtió la jornada en un ejemplo de cómo El Puig sabe preservar, activar y compartir sus espacios más emblemáticos.
La afluencia masiva, el comportamiento ejemplar del público, la protección del yacimiento arqueológico y la elección de La Patà como mirador privilegiado consolidan la montaña como un lugar donde el territorio se vive, se respeta y se celebra. Lo ocurrido ayer no fue solo la observación de un eclipse: fue la demostración de que El Puig tiene la capacidad de convertir su patrimonio en experiencias colectivas únicas, capaces de unir generaciones y atraer visitantes de otros municipios y comunidades.
Una tarde histórica que reafirma que La Patà es, y seguirá siendo, uno de los grandes símbolos del municipio: un espacio donde la comunidad se encuentra, donde la historia respira y donde el cielo, cuando quiere, regala momentos irrepetibles.

