Con solo 17 años, Aitor Tello se ha convertido en una de las jóvenes promesas de la lucha libre olímpica. Estudiante de segundo de Bachillerato y vecino de El Puig, compagina los estudios con una intensa preparación deportiva que le llevó el pasado año a proclamarse campeón de España de Grappling en Canarias. Hijo de un exluchador profesional internacional, ha crecido rodeado de tatamis, entrenamientos y competición. Ahora sueña con abrirse camino en el deporte mientras persigue otro objetivo igual de importante: estudiar Medicina para convertirse en traumatólogo.
1. ¿Cómo recuerdas tus primeros años rodeado de lucha en casa, viendo a tu padre competir en MMA?
La verdad es que no recuerdo realmente ver a mi padre competir porque era muy pequeño. Pero para mí, crecer en el gimnasio y disfrutar luchando y entrenando con mi hermano y mi padre era parte de mi día a día.

2. Tu padre dejó su carrera profesional para dedicarse a ti y hoy es tu entrenador. ¿Qué ha significado para ti crecer y formarte a su lado?
La verdad es que no hay nada mejor que tener a tu padre como entrenador. Me da una confianza enorme. Conoce mis puntos fuertes y mis puntos débiles mejor que nadie, ya que me ha entrenado siempre.
3. No es habitual tener un tatami en casa para entrenar. ¿Cómo viviste esa etapa y qué recuerdas de aquellos entrenamientos?
Tener el tatami en casa hacía que la lucha estuviera presente a todas horas. Era como llegar del colegio, ver a gente entrenar y bajar a entrenar con ellos. Me lo pasaba muy bien. Además, siempre que me aburría o algo, bajaba a pelear con mi hermano.
4. Practicaste fútbol y lucha libre, pero en sexto decidiste centrarte solo en la lucha olímpica. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión?
Fue más que nada por la falta de tiempo. Tener que ir en coche a otro sitio a jugar al fútbol y después volver para hacer lucha suponía pasar muchas horas en el coche. Entonces me decanté por la lucha para poder dedicarle más tiempo. Además, siempre me ha gustado más.

5. Este verano tu padre ha abierto un gimnasio en Puzol. ¿Qué ha supuesto para ti entrenar allí junto a más luchadores?
Ha sido un salto de calidad. Poder entrenar en unas instalaciones propias y, además, haber ayudado yo también en la obra es muy satisfactorio. Hay muy buen ambiente en el gimnasio, me lo paso de lujo allí y podría pasarme todo el día.
6. La lucha libre olímpica es el paso previo al MMA. ¿Cómo ves ese camino y qué te aporta esta disciplina?
Veo la lucha olímpica como la base perfecta. Esta disciplina, aparte de constancia, seguridad y todo eso, me ha aportado amistades, viajes de competición y recuerdos increíbles de los entrenamientos y los desplazamientos.
7. Estás cursando 2º de Bachiller. ¿Cómo consigues compaginar estudios y entrenamiento diario?
Hay que aprovechar los momentos libres que tienes durante el día y, sobre todo, intentar no distraerte ni dejar cosas para el día siguiente. Obviamente soy humano y alguna vez me ha pasado dejar tareas para más tarde, pero hay que intentarlo y, más ahora que me juego el futuro, distraerse lo menos posible.
8. Desde hace año y medio trabajas con tu preparador físico Sebastián y has ganado 15 kilos de masa muscular. ¿Cómo ha sido ese proceso?
Sebastián, mi entrenador físico, me ha ayudado a subir de peso y a ponerme fuerte. Es un máquina. La verdad es que subí rapidísimo gracias a su trabajo y también a la comida de mi abuela. Subí de peso enseguida; las lentejas hacen mucho.

9. Dedicas una o dos horas al día a la parte táctica. ¿Qué tipo de trabajo realizas y cómo influye en tu evolución?
El entrenamiento lo lleva mi padre y cada día hacemos un tipo de trabajo diferente, sobre todo para mejorar la técnica durante el combate, las posiciones específicas y las transiciones. También hacemos sesiones de alta intensidad para acostumbrarnos al ritmo de competición.
10. Quieres estudiar Medicina y ser traumatólogo. ¿De dónde nace esa vocación?
Cuando empecé a competir a un buen nivel, comencé a ir al traumatólogo para mejorar el rendimiento. La clínica se llama Osium y me gustó mucho cómo trabajaban, la maquinaria y todo en general. Entonces pensé: «Buá, yo quiero dedicarme a esto«.
11. Dices que quieres una profesión “por si el deporte falla”. ¿Qué reflexión haces sobre la fragilidad de una carrera deportiva?
En realidad, el plan A es estudiar. Son muy pocos los que pueden vivir del deporte y, aparte de ser bueno, también necesitas un poco de suerte. Por muy bueno que seas, una lesión te puede fastidiar toda la carrera deportiva.
12. Después de tantos años, ¿qué representa para ti la lucha libre olímpica en lo personal y en lo deportivo?
En lo deportivo, es lo que me gusta y lo que hago todos los días. En lo personal, me ha enseñado valores como la disciplina, el respeto y la capacidad de esforzarme para conseguir lo que quiero.
13. Para terminar, ¿te gustaría dedicar algún agradecimiento especial a alguien en este camino?
Especialmente a mi padre y a mi familia, por su apoyo incondicional y por todos los sacrificios que hacen por mí cada día. También a mi preparador físico, Sebastián; a mis compañeros de entrenamiento y a todas las personas que confían en mí y me ayudan a seguir mejorando.

Un joven con los pies en el suelo y grandes sueños por delante
Cuando Aitor habla de sus logros deportivos, siempre acaba regresando al mismo lugar: su casa, su familia y las personas que le han acompañado desde niño. Detrás del campeón de España de Grappling hay un joven que creció viendo cómo la lucha formaba parte de la vida cotidiana, entrenando sobre un tatami instalado en casa y compartiendo innumerables horas junto a su padre y su hermano.
Su historia no es solo la de un deportista que acumula títulos y éxitos. También es la de una familia que apostó por un sueño desde el primer momento, haciendo sacrificios para que pudiera desarrollar su talento y disfrutar de aquello que más le apasiona. Por eso, cada entrenamiento, cada viaje y cada competición tienen para él un significado especial que va mucho más allá de los resultados.
A sus 17 años, Aitor afronta una etapa decisiva de su vida. Continúa entrenando cada día con la ilusión de seguir creciendo en la lucha libre olímpica y, en un futuro, dar el salto a disciplinas superiores. Al mismo tiempo, mantiene intacto su compromiso con los estudios y con su objetivo de convertirse en médico traumatólogo, consciente de que el deporte puede cambiar en un instante y de que la formación será siempre una herramienta fundamental.
Con la humildad de quien todavía tiene mucho camino por recorrer, pero también con la determinación de quien sabe exactamente adónde quiere llegar, el joven de El Puig sigue construyendo su futuro paso a paso. Un futuro que tiene como punto de partida los valores que la lucha le ha inculcado desde pequeño: la disciplina para no rendirse, el respeto hacia los demás, la capacidad de sacrificio y la gratitud hacia quienes nunca han dejado de creer en él. Porque, al final, las medallas pasan, pero las enseñanzas y las personas que acompañan el viaje permanecen para siempre.

