Raúl Luis Chillerón es una de esas voces que no solo cantan: también cuentan, recuerdan y unen. Poeta, cantaor y defensor apasionado de la tradición valenciana, ha convertido su trayectoria en un puente entre generaciones, donde la música y la palabra se entrelazan para mantener viva la identidad de los pueblos. Su trabajo nace del respeto por las raíces, de la escucha atenta a la gente mayor y de una sensibilidad que hunde sus raíces en la cultura popular. En esta entrevista, Raúl nos abre su mundo interior y nos muestra cómo entiende el arte, la memoria y el valor de cuidar aquello que nos hace comunidad.
1. ¿Cómo empezó tu relación con les albaes y el cant d´estil y qué te llevó a dedicarte a esta tradición musical durante más de 15 años?
En El Puig de Santa Maria, el cant d´albaes se vive prácticamente desde la cuna: en cualquier fiesta, sobremesa, reunión de amigos o familiares, siempre hay alguien que se levanta a versar y alguien que se levanta a cantar; incluso hay casas donde no falta el tabal ni la dolçaina. Yo he vivido y he mamado esta tradición; la que el pueblo te enseña.
Además, cuando fui miembro de la quinta que hacía la Tasketa en el año 2011, en la Nit d’Albaes de Sant Roc me animé a cantar una albà a mis compañeros y amigos. En aquel momento, uno de los cantaores que participaba en el acto —y que hoy es mi gran amigo, Jose Ramón Salvi— me propuso que me apuntara a la Escuela Municipal de Cant d´Albaes, de la que era maestro Emilio Luis, “Milio del Puig”, y así empezó todo. Con los años, junto a mis compañeros Salvi, Carlos Bahilo, Mario “Polet” y Juanito “El Roig”, formalizamos el grupo d´albaes Cant Valencià del Puig de Santa Maria. Posteriormente se sumaron incorporaciones que han colaborado haciendo crecer la colla: Alba Risueño, Laura Soriano Bahilo, Jorge Ibáñez, Carlos Cabrera, Iván Luis y Jairo Díaz, entre otros amigos y compañeros. Para mí es un auténtico honor, junto a ellos, llevar el nombre del Puig de Santa Maria por bandera allá donde vamos, transmitiendo nuestros valores a través del canto.
Aunque empecé cantando albaes, pronto tuve contacto con el cant valencià d´estil, donde no solo fui intérprete vocal, sino que mis estudios anteriores en la Sociedad Musical de El Puig de Santa Maria, mis años en el conservatorio de música Joaquín Rodrigo de Sagunto y la experiencia en diversas formaciones musicales también me permitieron interpretar la música de nuestras canciones valencianas en compañía de tres personas maravillosas, tres músicos extraordinarios: Albert y Rubén Raimundo y Borja Carbonell. También he tenido el gusto de compartir escenario con grandes maestros como Vicent Carrasco —que este año será uno de los músicos que me acompañarán en el espectáculo de poesía y música tradicional—, Rafael Rosell, José de Bétera, Segarreta y personas con las que siempre es un placer compartir momentos, como Vicent “Pujolet”, Ximo Segarra, Sigfrido, Noelia, Pepe, Pilar, Mari Carmen, Carmen, Amparo, María Amparo, los hermanos Penalba, Pep Gimeno, Enric, Paco, Chornet, Albert, Alejandro, Armando, Xavi y Jorge, entre otros amigos y compañeros del mundo del cant valencià.

2. ¿Qué recuerdas de aquel niño que escribía versos y cómo influyó aquella etapa en tu trayectoria actual?
Desde pequeño siempre he sido muy curioso. Me encantaba descubrir cosas nuevas, pero sobre todo aquellas con un sentido puro, genuino: la naturaleza, la historia… No era aficionado a leer los libros que me mandaban en la escuela, pero me fascinaba leer definiciones o entender cómo funcionaban los fenómenos naturales en los libros de geografía o descubrir datos interesantes en las enciclopedias. Siempre me apasionaban las cosas complejas, aquellas que despertaban intriga y que había que interpretar.
Desde muy pequeño mi abuelo Àngel me llevaba al campo, y con él viví cosas que nunca olvidaré: cómo se entablillaba el garrofón, bañarme en un charco de agua en la acequia entre dos paradas y, incluso, mi premio, que era poder ir “de paquete” en su moto al mar a ver las vacas de Peris. Mi abuela María me cantaba coplillas y refranes, y ella me inculcó el valor y la fuerza de la Fe; tenía unas maneras de antaño para hacerlo todo, y eso me impregnó de respeto por la pureza de las cosas sencillas y de sabiduría ancestral. Todo eso me dio una sensibilidad especial, un deseo profundo de conectar con mis raíces y con la tierra que me ha visto crecer.
Paralelamente, descubrí el flamenco, pero no el comercial, sino los cantes antiguos, las letras que llegan al alma. En ese ambiente he tenido la gran suerte de encontrarme con grandes músicos y aficionados que más tarde algunos se han convertido en íntimos amigos míos, los cuales, con sus manos de oro sobre una guitarra flamenca, han ido en gran medida afinando mi oído musical. También siempre me ha apasionado el mundo del toro, que respectivamente va muy ligado al flamenco, especialmente la crianza de los animales en el campo, y la posibilidad de aprender y empaparme de una cultura diferente, transgresora y llena de sentimientos de libertad.
Estas experiencias han configurado mi manera de ver la vida: con respeto por las tradiciones, curiosidad por lo que me rodea y ganas de conectar con las personas y los lugares que me rodean. Mi infancia con la enfermedad de Perthes superada y una juventud un poco marcada por impulsos también estuvieron condicionadas por etapas de vacío social impuesto y momentos en los que me costaba adaptarme a todo lo que convencionalmente era considerado aceptable, pero nunca he sufrido demasiado por eso… simplemente respiraba hondo y aceptaba la posición de una sociedad a veces cruel y apática, y por el contrario, lo que aquello hizo fue que desarrollara una percepción más humana: me acercaba a quien más lo necesitaba para tratar de ayudarle, creando vínculos de amistad con personas extraordinarias y descubriendo que todo lo que toma valor de verdad en este mundo debe partir de la más absoluta humildad. Hablo del valor absoluto, noble e inocente, que es el que creo que le da la tranquilidad a uno cuando se apaga la vida tal como la conocemos.
En casa, mi madre me enseñó a plantar la humildad ante los desaires del resto del mundo y a sonreír a la vida para atraer la felicidad, dando gracias por el privilegio de estar vivos. Mi padre me enseñó a avanzar con respeto y a valorarme por quien soy, independientemente de lo que pensara el entorno. Cuando notaba rechazo por parte de otros niños, me apoyaba en los valores de mi madre, aprendiendo que la compañía de uno mismo es pura magia y crecimiento; y cuando la vida, por “raza y don”, me daba la oportunidad de tirar del carro en alguna situación y contaba con la aceptación del entorno, en esos momentos me apoyaba en los valores de mi padre. Un equilibrio perfecto que ha hecho que siempre haya estado en el momento y lugar no solo adecuados, sino los que he considerado oportunos en cada momento, sin prejuicios hacia nada ni nadie.

3. ¿Cuándo descubriste que querías transmitir historia, valores y costumbres a través de la palabra?
Mi pasión por la poesía nació hace muchos años. Todavía conservo un librito improvisado con unas hojitas llenas de palabras que escribí cuando era un niño en la escuela primaria. Aquellas primeras líneas ya llevaban en sí una chispa: un deseo de contar, de transmitir, de dar vida a las emociones.
Con el tiempo, seguí bebiendo del arte que me envolvía: la música, el flamenco, las letras más sentidas y el canto valenciano. Me hacían vibrar de una manera que no sabía explicar. Descubrí maestros que marcaron mi trayectoria: don Rafael González Serna, de quien aprendí a dar vida a cada palabra; José León, del que tuve la suerte de recibir consejos llenos de sabiduría en mis inicios; y en mi tierra he tenido el privilegio de tener a maestros como Vicent de Rosa, Manolo Soto, Carlos Bahilo, Voro de Paterna… todos ellos me abrieron ventanas a un mundo donde las palabras pueden tocar el alma.
De adolescente, en la universidad, gané un concurso de microrrelatos sociales, y poco a poco empecé a entender que la poesía no es solo escribir: es comunicar historias, valores, costumbres… es unir personas a través de las emociones.
Recuerdo la primera vez que recité ante la Mare de Déu dels Desemparats, en La Descoberta, en la madrugada del segundo domingo de mayo del año 2018. No tenía poesía propia escrita en aquel momento, así que recité un verso de Vicent de Rosa, uno de mis maestros. Cada palabra salía del corazón, llena de sentimiento y verdad. Aquel momento fue mágico: la gente sonreía, lloraba, respiraba conmigo. Y al año siguiente, ya con poesía propia, sentí que aquel vínculo con la tradición, con mi tierra, era indestructible. Aquellos instantes me hicieron comprender que mi voz podía transmitir historia y valores, y que mi poesía podía vivir dentro de los corazones de la gente.
Si el acto de la Descoberta de la Mare de Déu fue un impulso para mí, puedo decir que ha habido diversos motivos que actualmente van consolidando mi trayectoria como poeta valenciano. Entre ellos destacaría, por un lado, mis versos de homenaje a la Real Senyera valenciana y, como aportación a la sociedad civil y a los valores de respeto, tolerancia y buena convivencia —siempre desde el crecimiento personal y profesional—, mis versos para el 40 aniversario del Club de Encuentro Manuel Broseta.
No hubo un instante concreto en el que me diera cuenta de que quería transmitir todo esto; fue un camino, una trayectoria de crecimiento. Cada acto, cada recital, cada verso recitado con el corazón abierto ha confirmado esta vocación. He participado en pregones, galas, festividades, homenajes… y siempre, en cada palabra, hay un pedacito de mi amor por nuestra tierra.
Ver sonreír y llorar de emoción a la gente mientras escucha mis versos es un tesoro que no tiene precio. Con cada poema, con cada recitación, siento que estoy dejando una pequeña línea en la historia cultural de nuestra tierra. Y eso, más que un éxito, es un honor que me hace infinitamente feliz.

4. ¿Cómo nace la idea de la gira “La Veu d’un poble, cuidant valors”? ¿Nos puedes adelantar los pueblos y las fechas en que comenzará la gira?
‘La veu d’un poble, cuidant valors’ nace de muchos años entregados a la cultura de nuestra tierra. Es el nombre del espectáculo cultural que vengo a proponer, una actuación donde la poesía y la música tradicional pondrán en valor la memoria y la identidad de nuestros pueblos.
No se trata de una gira, sino de una carrera de fondo, un camino que me llevará, poco a poco, a recorrer pueblo a pueblo nuestro territorio, a lo largo y ancho de la Comunidad Valenciana. No tengo prisa, es un proyecto de vida; allá donde llegue, habré llegado, con la certeza de despertar, a cada paso, la voz del pueblo a través de poesías y canciones.
Comenzaré la tarde del jueves 30 de abril de 2026 en La Vilavella (Castellón) y las citas se irán sucediendo en los pueblos durante todo el año. Puedo adelantar que este año también estaré en Vilamarxant, Barxeta, Montserrat, Albuixech, L’Olleria, La Llosa de Ranes, Nules y El Puig de Santa Maria, a falta de concretar dos citas más. Iré anunciando las actuaciones a través de medios de comunicación y redes sociales.
5. ¿Qué significa para ti que este espectáculo sea “La veu d´un poble”?
Dignidad y responsabilidad.
6. ¿Qué valores consideras fundamentales y por qué crees que es importante preservarlos hoy en día?
Es fundamental preservar la identidad local, fomentar el diálogo entre generaciones y mantener vivas las tradiciones. Transmitiendo los valores de humanidad, honestidad, respeto, igualdad, fraternidad, concordia y buena convivencia. En definitiva, cuidar aquello que hace pueblo.
7. ¿Cómo describirías el espectáculo a alguien que nunca ha visto una actuación tuya?
Previamente a la actuación, entrevisto a la gente más mayor, también a las personas que llevan toda una vida vinculada a la cultura local y a los miembros de las entidades municipales, para escucharlos, para aprender de ellos. Inspirado en sus vivencias escribiré poesías y canciones. Cuando ya está todo preparado y en la fecha fijada por el Ayuntamiento, llevamos a cabo la actuación. En un escenario y acompañado de música tradicional en directo, recito los versos y canto las canciones creadas para la ocasión. Durante la representación, se muestran fragmentos o se hacen referencias de esas entrevistas, para que el pueblo sienta que forma parte de la obra creada.
Como culminación, de una manera muy especial, al acabar la actuación habrá un espacio abierto de participación, donde los vecinos y las vecinas pueden hablar, expresar sus emociones y compartir recuerdos.

8. ¿Qué papel juegan la música tradicional y la poesía en esta propuesta artística?
Son el medio de transmisión. El idioma universal con el que llego al corazón de quien escucha.
9. ¿Qué elementos del canto de estilo y de las albaes has querido mantener intactos en los espectáculos?
El cant d´estil formará parte de la música a interpretar en cada actuación de manera genuina. Se respeta el canto tradicional íntegramente, sin desvirtuarlo.
10. ¿Qué emociones buscas despertar en el público durante cada actuación?
Busco el recuerdo y la añoranza para no olvidar de dónde venimos, el respeto y el orgullo hacia lo que tenemos en el presente y la ilusión para el futuro.
11. ¿Qué te aporta entrevistar previamente a las personas mayores de cada pueblo?
Conocimientos y serenidad.
12. ¿Cómo transformas sus vivencias en poesía?
Abriéndole mi corazón a sus palabras.
13. ¿Cuál es la historia o testimonio que más te ha sorprendido durante todos estos años?
La historia de la infancia de la señora María Manzano, una mujer de 96 años del pueblo de Xilxes, que me contaba cómo fue aquel tiempo cuando era pequeña y cómo se emocionaba al recordar la historia del hallazgo de su amado Santísimo Cristo de la Xunquera entre las ruinas de una casa devastada en tiempos de guerra.

14. ¿Qué responsabilidad sientes al convertir la memoria de un pueblo en versos?
La de formar parte de nuestra historia y hacerlo a través de un sentimiento común, puro, holístico e integrador. Sin carga ideológica. Todo a favor de un futuro mejor para quien ha de venir a heredar nuestro legado.
15. ¿Qué papel juega la lengua valenciana en tu trabajo y en cada actuación?
El valenciano es la lengua más bonita del mundo, por eso escribo y recito en valenciano. Hay que decir que, para pueblos situados en zonas donde la influencia del castellano hace que sea la lengua predominante, el espectáculo también se adapta. Valencianos somos todos, sin ninguna discriminación, por eso la poesía y las canciones, con todo el respeto del mundo, irán de la mano de cada una de las particularidades de nuestro territorio.
16. ¿Crees que la sociedad actual se está alejando de sus raíces o hay un interés renovado por recuperarlas?
El mundo en general se está alejando de la realidad y más aún de su origen. Pero la historia va repitiéndose en ciclos, salvando las distancias en cada contexto. Siempre habrá quien dé un paso adelante para preservar el sentido común. Es propio del mundo del arte.
17. ¿Qué importancia tiene la cultura popular como herramienta para unir distintas generaciones?
La cultura popular es el amor por los orígenes. Nacemos buscando amor y morimos buscando amor. Los orígenes son una necesidad básica, la cultura popular también.
18. ¿Qué crees que puede aportarte, a nivel personal y profesional, el espacio de diálogo con los vecinos después de cada actuación?
Personalmente me aporta paz, al ver que la gente, al emocionarse, vuelve a su estado más puro, y de ahí nace el compromiso de un particular hacia su sociedad. Profesionalmente me llena y me acerca a un estado de realización.

19. ¿Qué esperas que el público se lleve después de vivir “La Veu d’un poble, cuidant valors”?
Una experiencia inolvidable y un recuerdo para compartirlo a lo largo de los años en sobremesas y encuentros de familiares y amigos.
20. Si tuvieras que definir el espectáculo en una sola frase, ¿cuál sería?
La veu d´un poble, cuidant valors.
Una voz que honra la memoria y mantiene vivo el latido del pueblo
Conversar con Raúl Luis Chillerón es reencontrarse con la esencia de lo auténtico: la palabra que emociona, la música que une y la memoria que nos recuerda quiénes somos. Su manera de entender el arte —desde la humildad, la escucha y el amor por la tierra— convierte cada actuación en un acto de identidad colectiva. Gracias, Raúl, por permitirnos compartir este rato tan especial contigo, por abrirnos tu historia y por recordarnos que la cultura popular sigue siendo un latido vivo que merece ser cuidado y transmitido.
Desde La Veu del Puig te deseamos toda la suerte del mundo y mucho éxito con este proyecto; te lo mereces profundamente por tu entrega, tu sensibilidad y tu manera tan honesta de dar voz a los pueblos..


