La final autonómica de Frontón Valenciano por parejas, disputada ayer domingo en el frontón municipal de Alfafar, ofreció una de las actuaciones más sólidas y determinantes de la temporada. La pareja del BValve El Puig A, formada por Alejandro y Moro, volvió a coronarse campeona autonómica, revalidando el título y confirmando su condición de referencia absoluta en la máxima categoría.
Una exhibición de control, lectura táctica y adaptación en un frontón adverso
La final comenzó con un ritmo marcado por el equipo azul, que llegó al frontón con una preparación previa más extensa. Pascual y Álex calentaron largo y fuerte, y eso se notó en los primeros tantos. En cambio, BValve El Puig A tuvo que gestionar un inicio más complejo: Moro llegó con apenas unos minutos de margen y Alejandro decidió que no era momento de forzar un calentamiento acelerado. La estrategia era otra: alargar los puntos, pelotear, aclimatarse y esperar el momento adecuado para entrar en partida.
La selección de pelota fue clave desde el primer instante. Alejandro escogió una bola nueva pero lenta, con un bote raso, ideal para construir juego y evitar aceleraciones indeseadas. Ese detalle marcó el tono del inicio: intercambios largos, ritmo controlado y una resistencia constante para impedir que la ventaja azul se convirtiera en una fuga definitiva. Pascual y Álex llegaron a distanciarse cuatro o cinco tantos, pero cada intento de ruptura encontraba la respuesta de BValve El Puig A, que recortaba, sostenía y se mantenía dentro de la partida sin precipitarse.
En ese primer tramo, Moro fue determinante. Estuvo impecable en lo esencial: apenas cometió errores, sostuvo el ritmo, defendió con limpieza y permitió que la estructura del equipo no se resquebrajara. Su serenidad fue el ancla que mantuvo viva la partida mientras Alejandro buscaba el punto exacto de conexión con su juego.
El ecuador del encuentro marcó el cambio. Cerca del punto veinte, BValve El Puig A empató y pasó por delante por primera vez. Alejandro comenzó a conectar mejores saques, a abrir ángulos y a imponer una lectura táctica superior. El partido, hasta entonces una batalla de resistencia, empezó a transformarse en una demostración de control.

Pero la final aún guardaba un giro inesperado. Con BValve El Puig A ya cinco o seis tantos arriba, el equipo azul sacó una pelota viva, mucho más rápida, que les permitió encadenar varios saques ganadores y recuperar la ventaja. Fue un momento crítico, un punto de inflexión que exigía temple y cabeza fría. Alejandro lo tuvo claro: era necesario detener la dinámica. Tras recuperar el saque, pidió tiempo, agotó el minuto completo y volvió a la pelota lenta del inicio, la que mejor se adaptaba a su estilo y a las condiciones del frontón.
El efecto fue inmediato. Nada más reanudarse el juego, Alejandro ejecutó un saque perfecto, arriesgado, profundo, a un palmo de la chapa. Ese quince devolvió la confianza, reactivó el ánimo y abrió un tramo final en el que BValve El Puig A volvió a imponer su juego con claridad. Alejandro conectó su mejor versión: saques profundos, pegada por arriba, palmas largas que obligaban a Álex a recular y golpes que desarmaban cualquier intento de descarga. Incluso obligó al rival a jugar de rebote en varias ocasiones, prueba del dominio territorial que estaba ejerciendo.
La partida no fue un festival de virguerías, pero sí un ejemplo de inteligencia competitiva. Pascual buscó opciones atrás, alguna doble pared de enorme dificultad, pero no logró incomodar a Moro, que mantuvo su línea de seguridad durante todo el encuentro. Alejandro, ya completamente asentado, fue el jugador más determinante desde la mitad del partido hasta el cierre, que llegó con un gancho de izquierda impecable, un golpe ganador que puso la firma a una actuación de enorme jerarquía.
BValve El Puig A supo adaptarse a un frontón que no favorecía su estilo, gestionó los momentos críticos con madurez y terminó imponiendo un juego sólido, ordenado y eficaz. Fue una victoria construida desde la cabeza, desde la paciencia y desde la capacidad de leer cada detalle de la partida.
Una final marcada por el calor y un protocolo federativo que volvió a fallar
La final autonómica se disputó en un entorno que no estuvo a la altura de una cita de máximo nivel. El frontón de Alfafar, cubierto con techo de uralita, acumuló un calor extremo en plena ola de temperaturas elevadas. Ni los ventiladores industriales instalados en la instalación pudieron aliviar un ambiente que rozaba lo insoportable para jugadores y público. La falta de ventilación efectiva y la dureza del clima añadieron un nivel de exigencia extraordinario a la partida, convirtiendo cada tanto en un ejercicio de resistencia física y mental. En estas condiciones, la victoria de BValve El Puig A adquiere aún más valor, pues se produjo en un escenario claramente adverso.
A este ambiente límite se sumó un fallo grave en el protocolo federativo que empañó la ceremonia final. Marco Gimeno, presidente del Club de Pilota del Puig, presente en el frontón, no fue nombrado, no participó en la entrega de trofeos y no apareció en las fotografías oficiales, pese a ser el máximo representante del equipo campeón. La imagen que finalmente se difundirá en redes sociales existe únicamente porque el propio club organizó la fotografía por su cuenta, cuando el protocolo oficial ya había concluido y los responsables federativos se habían marchado. La ausencia de reconocimiento institucional dejó en evidencia la necesidad urgente de revisar y mejorar los procedimientos en las grandes citas de la pilota valenciana.
Una victoria que reafirma el legado de El Puig en la pilota valenciana
El campeonato autonómico conquistado por Alejandro y Moro en Alfafar adquiere un valor aún mayor cuando se observa el contexto en el que se desarrolló la final. El calor extremo, el frontón deficiente y los fallos de protocolo no fueron simples contratiempos: fueron obstáculos reales que pusieron a prueba la resistencia, la serenidad y la capacidad de adaptación de todos los presentes. En un ambiente límite, donde cada tanto exigía un esfuerzo físico y mental extraordinario, el Club de Pilota del Puig demostró que su fortaleza no depende de las circunstancias, sino de la identidad que ha construido durante años.
Este triunfo es también la expresión de un ecosistema deportivo que funciona porque está sostenido por una comunidad amplia y comprometida. Los directivos del club, que trabajan con discreción y constancia para que la estructura avance sin perder sus raíces. Los socios, que mantienen vivo el pulso de la entidad y garantizan que la actividad nunca se detenga. Los aficionados, que acompañan, animan y convierten cada desplazamiento en una demostración de orgullo colectivo. Y la escuela de pilota, que forma jugadores, transmite valores y asegura que las nuevas generaciones crezcan con el mismo respeto y la misma pasión que heredaron de quienes les precedieron.
A todo ello se suma el apoyo de las instituciones, que sostienen este deporte nuestro, profundamente arraigado en la tradición valenciana. Su respaldo permite que la pilota siga viva en los pueblos, que los frontones continúen siendo espacios de encuentro y que generaciones enteras mantengan un vínculo cultural que forma parte de nuestra identidad. La pilota valenciana no es solo competición: es memoria, es comunidad, es territorio, es una forma de entender la vida que se transmite de padres a hijos y que encuentra en clubes como el de El Puig su mejor guardián.
Alejandro y Moro son la expresión deportiva de todo ese esfuerzo compartido. Moro, con su actuación impecable en el primer tramo del encuentro, sostuvo la estructura del equipo cuando más lo necesitaba. Alejandro, con su autoridad en la fase decisiva, transformó la partida en una demostración de jerarquía. Juntos, han vuelto a situar al Club de Pilota del Puig en el lugar que merece dentro de la pilota valenciana: la élite que compite, resiste y vence incluso cuando el entorno no acompaña.
La final de Alfafar quedará marcada por las deficiencias del recinto y por un protocolo federativo que no estuvo a la altura de la ocasión. Pero por encima de todo quedará el nombre de El Puig, que volvió a imponerse con carácter, con trabajo y con una identidad deportiva reconocida en toda la Comunitat Valenciana.
Enhorabuena a Alejandro, a Moro y a todo el Club de Pilota del Puig. Este título es la prueba de que el esfuerzo colectivo, cuando se sostiene en el tiempo, acaba escribiendo páginas que perduran. El Puig vuelve a dejar huella en la pilota valenciana, reafirmando un legado que crece, se fortalece y se proyecta hacia el futuro con la misma convicción que lo ha traído hasta aquí.

