El Puig vivió este jueves una de las jornadas más emotivas y esperadas del calendario social: la tradicional Comida de las Personas Jubiladas, un encuentro que reunió a decenas de vecinos y vecinas en un ambiente cargado de afecto, reconocimiento y orgullo comunitario. El acto, organizado por el Ayuntamiento, quiso rendir homenaje a quienes han dedicado toda una vida de esfuerzo, trabajo y compromiso al municipio.

La celebración contó con la presencia del alcalde, Marc Oriola, y de la concejala de Servicios Sociales, Mari Carmen Gozálvez, así como de otros miembros de la corporación municipal, que quisieron acompañar a los asistentes y agradecerles su aportación decisiva al desarrollo de El Puig. Su presencia reforzó el carácter institucional de un acto que, año tras año, se ha consolidado como un símbolo de gratitud colectiva.

Uno de los momentos más especiales de la jornada fue el reconocimiento público a Enriqueta Silva Martín y Rafael Marco Mínguez, las personas de mayor edad presentes en la comida. Ambos recibieron un cálido aplauso que llenó la sala de emoción, celebrando con ellos una vida marcada por el esfuerzo, la dedicación y el cariño hacia su pueblo.

La comida transcurrió entre conversaciones, reencuentros, anécdotas compartidas y un ambiente festivo que recordó la importancia de mantener vivos los espacios de convivencia. Para muchos asistentes, fue también una oportunidad de reencontrarse con amistades de toda la vida y de seguir fortaleciendo los lazos que han tejido durante décadas.

Un homenaje que honra el pasado y fortalece el futuro
La comida de las personas jubiladas no fue solo un acto festivo: fue un recordatorio de que El Puig se sostiene sobre la experiencia, la memoria y la generosidad de quienes han construido el municipio con sus manos, su trabajo y su ejemplo. Ellos representan la historia viva del pueblo, la raíz que sostiene la identidad colectiva y la voz que recuerda de dónde venimos y hacia dónde debemos caminar.
El Puig volvió a demostrar que sabe agradecer, reconocer y celebrar a quienes han hecho posible la vida que hoy disfrutamos. Una comida, sí, pero también un gesto de gratitud profunda que honra a toda una generación y reafirma el compromiso del municipio con el bienestar y la dignidad de sus mayores.

