La Inspección de Trabajo y Seguridad Social ha emitido un requerimiento firme y sin precedentes a la Conselleria de Educación tras constatar que el IES El Puig sufre temperaturas extremas durante buena parte del curso escolar, especialmente entre finales de primavera, verano y principios de otoño. El organismo estatal concluye que el calor acumulado en las aulas supera de forma continuada los límites legales, impide el normal desarrollo de la actividad educativa y supone un riesgo real para la salud de alumnado y profesorado.
El informe, fechado el 11 de marzo de 2026, es contundente: las condiciones térmicas del centro provocan “condiciones ambientales inadecuadas que afectan tanto al personal docente como al alumnado, dificultando el normal desarrollo de la actividad educativa”.

Aulas sin climatización y medidas ineficaces
La visita inspectora realizada el 9 de marzo de 2026 reveló que solo la biblioteca, el aula de música, conserjería y algunos despachos disponen de climatización. El resto de aulas —incluidas las más expuestas al sol en la primera planta— carecen de cualquier sistema para reducir el calor.
Las medidas instaladas por la administración han resultado insuficientes. Las lamas verticales de la fachada “no realizan una función adecuada de protección frente a la luz solar”, y los vinilos probados en las ventanas “tampoco han sido una solución eficiente”. La ventilación cruzada, aunque posible, no se utiliza porque “el ruido que entra entorpece las clases”.
Según hemos podido conocer por los profesores del centro, esta situación se repite año tras año: en determinados días de mayo, junio, septiembre y octubre, las aulas superan ampliamente los 30 grados, haciendo imposible concentrarse, impartir clase o mantener la actividad con normalidad. Esta misma semana pasada, en pleno mes de mayo, se han alcanzado 31 grados dentro de las aulas, según confirman docentes del instituto, que aseguran que así es imposible dar clase y que existe un riesgo importante para la salud de alumnos y profesores.
Los docentes recuerdan además que en septiembre del año pasado se alcanzaron los 33,1 grados dentro de las aulas, una cifra que califican de “insoportable” y que convirtió varias jornadas lectivas en un auténtico desafío físico tanto para el alumnado como para el profesorado.
La situación llegó a un punto crítico el pasado viernes, cuando todo el alumnado fue reubicado en la biblioteca y el aula magna —los únicos espacios climatizados del centro— porque el profesorado se negó a continuar dando clase en esas condiciones térmicas extremas. Los docentes consideran que el centro no está actuando con la urgencia que requiere el problema y han solicitado un claustro extraordinario para pedir explicaciones al equipo directivo y exigir medidas inmediatas.
Un informe previo de la arquitecta municipal ya advertía que todas las soluciones alternativas habían fracasado, recomendando la instalación de aire acondicionado en aulas, talleres y laboratorios.
El problema no es solo de confort: el curso pasado, dos alumnos sufrieron golpes de calor durante la jornada lectiva, lo que obligó a la intervención de los servicios sanitarios en el propio centro. El profesorado asegura que estos episodios fueron el reflejo más evidente de un problema que llevan años denunciando sin respuesta.
Carencias graves en prevención
La Inspección detecta además carencias estructurales en la gestión preventiva del centro, al constatar que la evaluación de riesgos del IES El Puig no identifica en ningún momento el riesgo de exposición a temperaturas extremas, pese a tratarse de un problema recurrente y ampliamente documentado. La planificación preventiva tampoco recoge ninguna medida destinada a afrontarlo, lo que evidencia —según el informe— una falta de anticipación y de respuesta por parte de la administración educativa.
A ello se suma que la Conselleria no ha realizado estudios de temperatura en los periodos críticos del curso, concretamente en los meses de junio a septiembre, cuando el calor alcanza niveles más elevados y afecta de forma directa al alumnado y al personal docente. Tampoco consta que el profesorado haya recibido formación preventiva específica sobre los riesgos derivados del calor, ni que se haya planificado la vigilancia de la salud del personal del centro, una obligación que la normativa considera esencial para garantizar la protección frente a condiciones ambientales adversas.

Requerimiento: climatización obligatoria y medidas urgentes
Ante esta situación, la Inspección de Trabajo ordena a la Conselleria adoptar medidas inmediatas y verificables. El requerimiento establece que deberán instalarse equipos de aire acondicionado en todas las aulas y espacios lectivos, reforzar la potencia eléctrica del centro para soportar la nueva climatización, revisar la evaluación de riesgos e incluir de forma expresa el riesgo de calor extremo, realizar estudios de temperatura y estrés térmico en los meses de junio a septiembre, y elaborar un protocolo de actuación ante fenómenos meteorológicos adversos. Asimismo, la administración deberá acreditar que el personal ha recibido formación preventiva y garantizar la vigilancia de la salud del profesorado y del personal no docente.
La Inspección recuerda en su informe que “las intensas olas de calor de los últimos años, consecuencia del cambio climático, aconsejan la adopción de medidas dirigidas a la atenuación y prevención de sus daños”, subrayando que la adaptación de los centros educativos a esta nueva realidad climática ya no es una recomendación, sino una obligación legal y preventiva.
El calor extremo obliga a actuar: el IES El Puig ya no puede esperar más
El clima dentro del IES El Puig se ha vuelto insostenible. El profesorado lleva años advirtiendo de que las aulas alcanzan temperaturas incompatibles con cualquier actividad educativa, con episodios que superan los 30 grados en mayo y picos de 33,1 grados en septiembre, una cifra que cualquier docente describe como “insoportable”. La situación ha llegado a tal extremo que el pasado viernes el claustro se negó a continuar impartiendo clase y obligó a reubicar a todo el alumnado en la biblioteca y el aula magna, los únicos espacios climatizados del centro. La decisión, excepcional y cargada de simbolismo, refleja el agotamiento de una comunidad educativa que siente que ha tocado fondo.
La Inspección de Trabajo no solo confirma estas denuncias, sino que las eleva a categoría de urgencia institucional. El requerimiento obliga a la administración autonómica a actuar sin demora, a corregir años de inacción y a garantizar que el calor extremo deje de ser un riesgo para la salud de alumnos y profesores. La Conselleria deberá responder ahora a un problema que ya no admite más aplazamientos, en un centro que se ha convertido en el ejemplo más visible del impacto que el cambio climático está teniendo sobre la educación pública.
El próximo curso marcará un antes y un después para el IES El Puig. La comunidad educativa espera que esta vez las soluciones lleguen a tiempo y que las aulas, por fin, dejen de ser un espacio donde la supervivencia física compite con el aprendizaje. Porque lo que está en juego no es solo el confort térmico, sino el derecho básico a recibir y ofrecer educación en condiciones dignas y seguras.

