La Falla Doctor Peset convirtió este sábado el Hogar de los Jubilados en un auténtico rincón de feria andaluza. La celebración de su esperada Feria de Abril reunió a falleros, vecinos y amigos en una noche vibrante, marcada por la música, los trajes de volantes, las risas y un ambiente que enamoró desde el primer minuto.

La velada arrancó con el tradicional sopar de sobaquillo, que volvió a demostrar la capacidad de la comisión para crear convivencia y cercanía. Las mesas llenas, las conversaciones animadas y los brindis compartidos marcaron el inicio de una noche que pronto se transformaría en una fiesta inolvidable.

Con las primeras sevillanas, la sala se convirtió en una pista de baile improvisada. Los asistentes, muchos vestidos con trajes flamencos, flores en el pelo y camisas de lunares, llenaron el espacio de movimiento y alegría. Niños, jóvenes y mayores compartieron baile y palmas, creando una estampa que mezclaba tradición, espontaneidad y un fuerte sentido de comunidad.

Uno de los momentos más esperados fue el concurso al mejor atuendo, donde los participantes desfilaron entre aplausos y vítores. La creatividad y el cariño puesto en cada traje hicieron difícil la elección del jurado. La noche avanzó entre risas, fotos y complicidad, pero el momento de mayor emoción llegó con la tradicional rifa del jamón, que este año tuvo como ganadora a Naiara Donado Sánchez, celebrada entre aplausos y felicitaciones mientras alzaba su premio con una sonrisa radiante.

Una noche que confirma que la Falla Doctor Peset es comunidad, tradición y orgullo compartido
La Fira de Abril celebrada en el Hogar de los Jubilados no fue solo una fiesta: fue una demostración de lo que ocurre cuando una comisión fallera convierte un espacio cotidiano en un punto de encuentro lleno de vida. Entre sevillanas, risas, brindis y trajes llenos de color, la Falla Doctor Peset volvió a dejar claro que su verdadera fuerza está en su gente: en quienes bailan, en quienes organizan, en quienes ayudan y en quienes simplemente disfrutan de estar juntos.
Lo que se vivió allí fue más que un sopar de sobaquillo o un concurso de atuendos. Fue la prueba de que esta comisión sabe unir generaciones, crear ambiente, hacer comunidad y mantener viva una tradición que late durante todo el año. Cada aplauso, cada paso de baile y cada abrazo compartido construyeron una noche que ya forma parte de la memoria de todos.
Una noche que confirma que cualquier excusa es buena para pasárselo bien y que las Fallas se viven todo el año.

