La recuperación de Darío y el apoyo incondicional de sus padres: una historia que inspira a toda España

LA VEU DEL PUIG

Ene 15, 2026 | Noticias

El Puig vive estos días una mezcla de emoción y sensibilidad tras la amplia repercusión que ha tenido la historia de Darío López, un vecino de 14 años que recuperó la movilidad gracias a una operación pionera realizada en 2020 en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. Aunque la intervención se llevó a cabo hace seis años, su caso ha vuelto a ser noticia esta semana en numerosos medios de comunicación nacionales, que han destacado su evolución y el impacto de la técnica utilizada para tratar su distonía.

Un trastorno que le cambió la vida a los 7 años

Darío comenzó a sufrir síntomas de distonía cuando tenía solo siete años. En pocos meses, pasó de correr y jugar como cualquier niño a no poder mantenerse de pie más de diez minutos. El dolor en piernas y caderas era constante y limitaba por completo su día a día.

Su madre, Noelia Calero, ha explicado en varias entrevistas que “ducharlo era un infierno, no podía estar de pie, sufría muchísimo”. La familia inició entonces un largo recorrido médico en busca de respuestas.

La distonía provoca contracciones musculares involuntarias que pueden deformar la postura y reducir drásticamente la movilidad. En el caso de Darío, los especialistas advirtieron que, sin intervención, acabaría necesitando una silla de ruedas.

Una operación pionera en 2020: un “marcapasos cerebral” que cambió su futuro

En 2020, el equipo de neuropediatría de Vall d’Hebron —referente estatal en trastornos del movimiento— decidió aplicar estimulación cerebral profunda, una técnica que consiste en implantar electrodos en zonas concretas del cerebro para corregir la actividad neuronal anómala.

La intervención fue un éxito. Desde entonces, Darío ha experimentado una recuperación progresiva que hoy le permite caminar, correr, hacer deporte y realizar actividades cotidianas sin dolor. La técnica funciona como un “marcapasos cerebral”, modulando la señal que provoca los movimientos involuntarios.

A pesar de que la enfermedad no ha desaparecido, la operación ha supuesto una mejora radical en su calidad de vida.

Aunque la operación se realizó en 2020, el caso de Darío ha sido protagonista en numerosos medios de comunicación esta semana, que han querido mostrar su evolución y el impacto de esta técnica en pacientes jóvenes.

El Periódico, Telecinco y la televisión pública catalana han difundido reportajes sobre su historia, mostrando imágenes de su recuperación y explicando el papel de los hospitales catalanes como referentes en este tipo de intervenciones. Su caso se ha convertido en un símbolo de esperanza para muchas familias que conviven con trastornos neurológicos complejos.

El testimonio de sus padres

Hemos podido hablar con sus padres, Noelia Calero y Jaime López, quienes han compartido cómo han vivido estos años, desde la aparición de la enfermedad hasta la actualidad. Relatan un camino lleno de incertidumbre, dolor y lucha, pero también de avances, apoyo y esperanza.

Explican que, aunque la distonía sigue presente, la operación de 2020 permitió que Darío recuperara una vida prácticamente normal, algo que parecía imposible cuando apenas podía mantenerse de pie.

Los padres quieren destacar especialmente el apoyo que Darío ha recibido por parte del municipio, un respaldo que consideran fundamental en su recuperación. Mencionan con emoción el cariño del mundo dels bous al carrer, la gran afición del joven. Las comisiones taurinas del municipio han sido, dicen, “un pilar enorme para él”. Durante estos años, Darío ha recibido homenajes, visitas, detalles y palabras de ánimo que, según su familia, “le han empujado a salir adelante y a luchar con más fuerza”.

Aun así, reconocen que no les gusta la exposición mediática que está recibiendo su hijo. Sin embargo, sienten que es necesario para ayudar a otras familias que viven situaciones similares y que aún no han encontrado una solución. De hecho, explican que, tras la difusión del caso, han podido orientar a varias familias. “Esta misma semana nos han llamado desde Albacete por una niña que necesita ayuda”, cuentan.

Noelia y Jaime admiten que a veces se plantean frenar la exposición pública: “Debemos parar por respeto a Darío, pero estamos ayudando a mucha gente. ¿Cómo paras? Por corazón es difícil hacerlo”. Por eso, quieren que la historia de su hijo sirva de ejemplo para quienes sufren esta enfermedad, para que sepan que “hay una luz al final del túnel”.

Aprovechan estas líneas para enviarle un mensaje directo a su hijo: “Darío, eres un valiente y un luchador. Tus padres están muy orgullosos de ti.”

Una historia que inspira

La historia de Darío es un recordatorio de lo que significa resistir, avanzar y no rendirse. Es la historia de un niño que, pese a las dificultades, sigue su camino como cualquier otro joven de 14 años, con sus ilusiones, sus planes de futuro y sus ganas de vivir. Y es también la historia de unos padres que han demostrado una fortaleza inmensa, que han buscado respuestas donde no las había y que han sostenido a su hijo con un amor inquebrantable.

El apoyo del pueblo, y especialmente de sus comisiones taurinas, ha sido un motor emocional para él. En cada gesto, en cada homenaje, en cada palabra de ánimo, Darío ha encontrado una razón más para seguir adelante. Y eso habla de un pueblo unido, sensible y capaz de abrazar a los suyos cuando más lo necesitan.

Casos como el suyo nos recuerdan que, mientras muchos nos dejamos llevar por problemas cotidianos y banales, hay familias que libran batallas profundas, silenciosas y duras. Y aun así, encuentran motivos para sonreír, para agradecer y para seguir luchando.

A todas las personas que conviven con la distonía o con cualquier enfermedad que limita su vida, la historia de Darío les envía un mensaje claro: hay esperanza, hay avances, hay caminos que se abren cuando parece que todo se cierra. Su recuperación demuestra que la ciencia avanza, que la solidaridad existe y que la fuerza humana es capaz de mover montañas.

Darío es hoy un ejemplo de superación. Un espejo donde mirarnos. Un recordatorio de que la vida, incluso cuando golpea, también ofrece segundas oportunidades.

Y desde La Veu del Puig, solo podemos desearle lo mejor. Que siga creciendo, soñando y construyendo su futuro con la misma valentía que ha demostrado hasta ahora. Porque si algo ha quedado claro, es que Darío tiene toda la fuerza del mundo para llegar tan lejos como él quiera. Y a sus padres, todo nuestro reconocimiento y admiración por su lucha incansable, por su capacidad de mantenerse firmes incluso en los momentos más difíciles y por demostrar que el amor, cuando se convierte en motor, es capaz de abrir caminos donde antes solo había incertidumbre.

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