Tyrius El Puig celebró este viernes 26 de junio su esperada fiesta de fin de curso, una cita que volvió a demostrar la fuerza social y comunitaria de la asociación, reuniendo a más de 120 mujeres en una velada marcada por la convivencia, la tradición y la alegría compartida.
La jornada comenzó a las 20:00 horas con una misa en la Iglesia del Real Monasterio de Santa María de El Puig, presidida por el padre Don Manuel, quien dedicó unas palabras de reconocimiento al trabajo que Tyrius desarrolla durante todo el año y al papel esencial que sus socias desempeñan en la vida cultural y social del municipio.

Tras el acto religioso, la celebración se trasladó a la plaza del Ayuntamiento, donde ya estaba todo preparado para una cena al aire libre que se ha convertido en una de las señas de identidad de la asociación. Una tortilla gigante para más de 120 personas, acompañada de longanizas y pimientos verdes, fue el centro gastronómico de una noche que destacó por su ambiente festivo y cercano. Las mesas, decoradas con mimo para la ocasión, anticipaban una velada especial que culminó con música en directo de Jesús Rosa, encargado de poner ritmo y energía hasta el final.

La presidenta de Tyrius El Puig, Ana Checa, destacó la importancia de este encuentro como cierre del curso y como símbolo de unión entre las socias: “Esta fiesta es mucho más que una tradición: es el momento en el que celebramos todo lo que hemos compartido durante el año. Ver a tantas mujeres juntas, disfrutando, riendo y sintiéndose parte de algo, es lo que da sentido a Tyrius. Somos una familia, y noches como esta lo demuestran”.

La fiesta se prolongó hasta la noche, dejando una imagen clara: Tyrius El Puig sigue siendo uno de los pilares de la vida social del municipio, capaz de unir tradición, convivencia y alegría en un mismo acto.
Las Amas de Casa estuvieron acompañadas durante toda la jornada por representantes de la corporación municipal, que quisieron respaldar la celebración y compartir con las socias este cierre de curso. A la misa acudieron Bartolomé Vila y Nacho Prieto, director general de Cultura de la Generalitat Valenciana.
Ya en la cena, se sumaron Tonica Martí, concejala de Cultura, Educación y Fiestas; Mari Carmen Gonzalvez, concejala de Mayores; y Guillem Carreras, concejal de Comunicación, acompañando a las socias en una velada que destacó por su ambiente cercano, festivo y plenamente comunitario.

Un fin de curso que une, celebra y fortalece a todo un pueblo
Tyrius El Puig pone fin a un curso especialmente intenso, repleto de actividades formativas, encuentros comunitarios y talleres centrados en la salud mental, el autocuidado y el bienestar emocional. A lo largo del año, la asociación ha impulsado espacios de escucha, acompañamiento y crecimiento personal que han fortalecido a sus socias y han contribuido a visibilizar la importancia de cuidar la mente tanto como el cuerpo.
Este curso también ha destacado por su vertiente más solidaria, con iniciativas destinadas a recaudar fondos para proyectos sociales y causas benéficas. Cada actividad, cada gesto y cada aportación han tejido una red de apoyo que trasciende la asociación y alcanza a todo el municipio, demostrando que la fuerza de Tyrius se mide tanto en participación como en compromiso.
Por eso, la celebración del viernes no fue únicamente una cena ni una tradición que se repite cada junio: fue el cierre simbólico de un ciclo de trabajo, unión y solidaridad. Entre mesas iluminadas, una tortilla gigante y la música que acompañó la noche, El Puig reconoció el valor de una asociación que ha sabido unir convivencia, formación y sensibilidad social.
Un fin de curso cargado de actividades, solidaridad y humanidad.

