La vecina de El Puig Pili Oliva, conocida por su dedicación y amor incondicional hacia los gatos, atraviesa uno de los episodios más devastadores de su vida. Dos actos de vandalismo cometidos en su domicilio de la Plaza de Sant Roc han provocado la muerte de Mía, una gatita a la que rescató recién nacida y que desde entonces formaba parte de su familia.
Pili convive con sus gatos en un bajo donde siempre mantiene la ventana abierta para que les entre luz. Para evitar que se escapen, instaló una malla de acero en la reja. Sin embargo, el pasado 15 de julio, al volver de trabajar, se encontró la malla rajada y varios gatos habían escapado a la calle. Muchos de ellos proceden de protectoras y arrastran traumas, por lo que localizarlos fue especialmente difícil.

Tras este primer incidente, Pili colocó un cartel preguntando si alguien tenía algún problema con el tubo del aire acondicionado que ella tenía en esa ventana y decidió cambiarlo a otra, intentando evitar cualquier conflicto.
Pero el lunes 20 de julio, por la tarde, la malla volvió a aparecer rajada. Los gatos se escaparon de nuevo. Pili, debido a un día especialmente ajetreado, no pudo hacer el recuento nocturno que realiza cada día. Fue el martes por la mañana, al salir para llevar a su nuera a trabajar, cuando descubrió la malla rota y que faltaban varios gatos.
Logró encontrar a todos menos a Mía, una gatita que Pili rescató recién nacida, todavía con el cordón umbilical, tras ser abandonada bajo la lluvia junto a sus dos hermanos muertos. Aquel episodio le provocó asma crónica, y Pili le administraba medicación diaria.
Desesperada, publicó un mensaje en redes sociales solicitando ayuda y contactó con AFEP, desde donde recibió la peor noticia posible: esa misma mañana se había encontrado una gatita muerta en la calle. Le enviaron fotografías que confirmaron la tragedia.
Pili nos ha confesado que esto “le ha destrozado la vida”, que sus gatos “son como sus hijos” y que lleva dos días con ansiedad sin poder ir a trabajar, nos confiesa Pili con la voz quebrada.

Sin cámaras en la plaza y sin respuestas
Tras el suceso, Pili contactó con la Policía Local, donde le comunicaron que no existen cámaras de seguridad en toda la Plaza de Sant Roc, por lo que no pueden identificar quién ha rajado las mallas de su ventana.
Ante la falta de protección, ha comprado cámaras de seguridad, aunque la Policía Local le ha advertido que no pueden enfocar a la vía pública. La han derivado a la Guardia Civil para presentar denuncia, y Pili está a la espera de que la llamen para formalizarla.
Pide colaboración vecinal y ofrece recompensa
Pili Oliva solicita la colaboración de los vecinos para identificar al responsable. Si alguien ha visto algo o tiene información, pide que se ponga en contacto con ella. Reconoce que está dispuesta a ofrecer una recompensa ante cualquier dato veraz que permita identificar al autor de los hechos.
“Es muy duro asimilar que ya no voy a tener a Mía conmigo. Ahora solo quiero saber quién ha sido y que asuma las consecuencias legales correspondientes”, nos dice Pili visiblemente emocionada.

Cuando una pérdida injusta interpela a todo un vecindario
La historia de Pili Oliva no es solo la de una vecina que ha perdido a su gata: es la de una comunidad que descubre que la convivencia también se sostiene en los pequeños gestos de respeto que cada persona decide tener con quienes le rodean. La violencia contra un animal indefenso no solo rompe un hogar; rompe la confianza, la tranquilidad y el sentido de seguridad de un pueblo entero.
En El Puig, este episodio deja una pregunta que no puede ignorarse: ¿qué clase de pueblo queremos ser cuando nadie está mirando? La respuesta no depende únicamente de una denuncia o de una investigación policial, sino de la voluntad colectiva de no permitir que la crueldad se normalice ni que la impunidad se instale en nuestras calles.
Hoy, Pili no busca venganza. Busca verdad, responsabilidad y un mínimo de humanidad. Y esa búsqueda nos interpela a todos, porque la protección de los más vulnerables —sean personas o animales— es el termómetro real de cualquier comunidad.
Sabemos que no se puede llenar el vacío que deja un ser querido como Mía, pero sí podemos ayudar a que la justicia llegue y a que nunca más vuelva a ocurrir algo así.

