El vecino de El Puig, Ramón Carliste, continúa su particular aventura rumbo a Santiago de Compostela, un reto personal que inició el pasado 9 de febrero desde el Real Monasterio de Santa María. Su proyecto, “El Puig fent Camí”, pretende recorrer a pie los 905 kilómetros que separan el municipio valenciano de la Catedral de Santiago siguiendo el histórico Camino de Sagunto, una ruta jacobea exigente, poco transitada y sin apenas infraestructura en sus primeros tramos.
En conversación con este periódico, Ramón explica que esta mañana ha reanudado la marcha desde Caminreal, en Teruel, donde pasó la noche “solo en el polideportivo, con la luz encendida, pero animado”. Hoy afronta su novena jornada, con el objetivo de completar 28 kilómetros hasta Báguena, tras salir a las 7:00 y con previsión de llegar sobre las 16:00.

Ampollas, viento y 20 kilos a la espalda
Los primeros días no fueron sencillos. Las largas etapas sobre asfalto le provocaron ampollas al caminar con botas. “A la altura de Barracas me compré unas zapatillas y ahora voy alternando: zapatillas para superficies duras y botas para la tierra”, explica.
A ello se suma el peso de la mochila: 20 kilos entre tienda de campaña, hornillo y material de supervivencia. “En este primer tramo no hay nada, así que tengo que llevarlo todo encima”, comenta. Su idea es enviar parte del equipo por correo cuando llegue a Soria, donde ya existen más albergues y podrá aligerar carga: “Quitar peso es vital para llegar en mejores condiciones físicas a Santiago”.
El tiempo tampoco se lo está poniendo fácil. “He capeado todas las borrascas que van llegando. Parezco un torero toreando cada toro que sale. Yo soy el torero y los toros son las borrascas”, bromea. El viento ha sido lo peor: “Hace que pases mucho más frío y si llueve te empapa entero”.

Cambio de ruta y amabilidad en el camino
Aunque su idea inicial era seguir el Camino Interior, ha tenido que modificar el trazado: “He cambiado a la ruta de Sagunto para buscar pueblos un poco más grandes, donde haya algún servicio básico y no tener que dormir en la calle”.
Aun así, destaca la amabilidad de la gente que encuentra: “Algunos me verán y pensarán que soy un mendigo porque voy totalmente solo en este primer tramo, pero la gente es muy amable”.
Como anécdota, Ramón lleva en su mochila cuatro piedras de El Puig: una de la Montaña de La Patà, otra del Cabeçolet, otra de Santa Bárbara y otra del Piló. Su intención es dejarlas en el Monte do Gozo, la última subida antes de Santiago: “Será mi forma de unir simbólicamente ambos municipios. Quedarán allí para siempre”.
Ramón reconoce que no está siendo un camino fácil: “A La Puebla de Valverde llegué muy mojado y con mucho frío”, recuerda. Aun así, asegura que la experiencia está siendo única: “Es un viaje para conocerse a uno mismo. Cada día aprendes algo nuevo”.
Una hazaña que inspira: un peregrino que lleva El Puig en cada paso
La aventura de Ramón Carliste es mucho más que un reto físico. Es un acto de identidad, de resistencia y de amor por su pueblo. Lleva El Puig en la mochila —literalmente, con sus cuatro piedras— y también en cada conversación que mantiene con quienes encuentra en el camino.
Su gesta recuerda que todavía existen personas capaces de enfrentarse a la naturaleza, al cansancio y a la soledad con la única compañía de su determinación. En un mundo acelerado, su paso firme reivindica el valor de la lentitud, del esfuerzo y del propósito.
Ramón camina solo, pero su pueblo camina con él. Y cuando deje sus piedras en el Monte do Gozo, también dejará allí un símbolo de unión, de memoria y de orgullo para El Puig.
Un reto que honra. Un camino que inspira. Una historia que ya forma parte del patrimonio emocional del municipio.
¡Buen camino Ramón!


