La Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig vivió este lunes una de las jornadas más significativas de los últimos meses, combinando fe, formación, acción social y convivencia en una programación que permitió acercar a sus miembros la realidad de algunas de las entidades con las que colabora activamente y reforzar el compromiso de la institución con las personas más vulnerables.
La tarde comenzó a las 19:30 horas en la iglesia del Real Monasterio de Santa María de El Puig, donde más de treinta miembros de la Real Orden y numerosos fieles participaron en una solemne misa presidida por el padre Manolo Anglés, prior de la institución. La celebración estuvo acompañada por diversos cantos litúrgicos, que contribuyeron a crear un ambiente de recogimiento y fraternidad en el corazón espiritual de la Orden.

Tras la eucaristía, la actividad se trasladó al Huerto de Santa María, donde se celebró una cena muy especial que tuvo como principal objetivo acercar a los miembros de la Real Orden el trabajo que desarrollan algunas de las organizaciones con las que la entidad mantiene acuerdos de colaboración.
En este sentido, el invitado principal de la velada fue Juan Molpeceres, presidente del Casal de la Pau, cuya presencia respondió a una iniciativa impulsada por la Real Orden para que sus integrantes conozcan de primera mano el destino y el alcance de las acciones solidarias que se apoyan desde la institución.
El Gran Canciller de la Real Orden, Juan Cañizares, explicó que esta línea de trabajo busca fortalecer el vínculo entre los caballeros y damas de la Orden y las entidades beneficiarias de las colaboraciones que se impulsan a lo largo del año, favoreciendo así un conocimiento directo de los proyectos y de las personas que trabajan diariamente sobre el terreno.
Durante su intervención, Juan Molpeceres expuso la intensa labor que desarrolla el Casal de la Pau con personas que se encuentran privadas de libertad, centrando su actuación en el acompañamiento humano, social y espiritual durante los procesos de reinserción. Según explicó, la entidad no juzga ni pide explicaciones sobre el pasado de las personas a las que atiende, sino que les ofrece apoyo para reconstruir sus vidas y recuperar un proyecto de futuro.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con la proyección de un vídeo testimonial protagonizado por internos de centros penitenciarios vinculados al proyecto. A través de sus propias palabras y experiencias, los asistentes pudieron conocer una realidad frecuentemente desconocida y poner rostro a historias marcadas por el sufrimiento, la esperanza y el deseo de encontrar una segunda oportunidad.
La presentación despertó un notable interés entre los asistentes y dio paso a un coloquio participativo, en el que numerosos miembros de la Real Orden plantearon preguntas y reflexiones sobre la situación de las personas privadas de libertad y sobre los desafíos que afrontan durante su reinserción en la sociedad.
La dimensión espiritual de esta realidad fue abordada por el Lugarteniente Mayor de la Real Orden, Juan Ballester, quien recordó que muchas de estas personas no solo sufren una privación de libertad física, sino también una profunda necesidad de apoyo humano y espiritual.
“Son personas privadas de libertad, pero también de libertad espiritual, y necesitan que alguien les acompañe en ese camino”, señaló Ballester, quien relacionó directamente esta labor con el espíritu fundacional de la Orden de la Merced y con el histórico carisma de la redención de cautivos, uno de los pilares que han definido a la institución mercedaria desde sus orígenes.
La solidaridad volvió a ocupar el centro de la jornada con otra de las sorpresas preparadas para la velada. Los fundadores de la asociación Amigos de la Calle recibieron el respaldo económico de la Real Orden para financiar dos becas de formación, un reconocimiento a la extraordinaria labor que esta organización viene desarrollando desde el año 2007 con personas sin hogar en la ciudad de Valencia.

La entidad presta actualmente asistencia a más de 700 personas, gestiona recursos residenciales propios y desarrolla numerosos programas de acompañamiento e inserción dirigidos a quienes atraviesan situaciones de exclusión social extrema.
Por su parte, el padre Manolo Anglés tomó la palabra para profundizar en la historia de la Orden Mercedaria, recordando la misión que impulsó su nacimiento y destacando cómo la liberación de cautivos y la atención a los más necesitados continúan siendo valores plenamente vigentes en la actualidad y una fuente de inspiración para la labor que desarrolla la Real Orden.
La jornada concluyó con una cena de hermandad marcada por el compañerismo y el intercambio de experiencias entre los asistentes. Antes del tradicional brindis final, Pedro Ballester realizó un balance del trabajo desarrollado durante el último año, destacando especialmente la recuperación de vínculos con instituciones, asociaciones y colectivos, así como el creciente protagonismo de la Real Orden en la vida social, cultural e histórica de El Puig.
Asimismo, subrayó la importancia de seguir trabajando por la defensa de la fe, el patrimonio, la cultura y las tradiciones valencianas, al tiempo que puso en valor iniciativas recientes impulsadas por la institución, como su colaboración en los premios académicos a beneficio del comercio local o su participación activa en diversos acontecimientos de relevancia para el municipio.

Una Real Orden más abierta y comprometida
Hace apenas un año, durante la cena de Navidad de diciembre de 2025, el Lugarteniente Mayor, Pedro Ballester, y el Gran Canciller, Juan Cañizares, compartían con los miembros de la Real Orden los retos y objetivos que marcarían el ejercicio de 2026. Sobre la mesa había una ambiciosa planificación basada en tres pilares fundamentales: abrir la institución a la sociedad, fortalecer su compromiso social y espiritual y reivindicar el legado histórico, cultural y religioso que representa Santa María de El Puig en la historia valenciana.
Doce meses después, aquellos anuncios han dejado de ser proyectos para convertirse en realidades tangibles. Los convenios de colaboración con entidades sociales, la participación activa en actos culturales e históricos, los homenajes vinculados al 750 aniversario del fallecimiento de Jaume I, la presencia en iniciativas educativas y comerciales del municipio y el respaldo a organizaciones que trabajan con personas privadas de libertad o en situación de exclusión social evidencian una línea de trabajo coherente, constante y bien definida.
La velada celebrada este lunes fue, precisamente, el mejor reflejo de esa transformación. No solo permitió conocer de primera mano la labor que desarrollan entidades que trabajan junto a los más vulnerables, sino que también demostró la voluntad de la Real Orden de que sus miembros participen activamente en esa misión, comprendiendo el alcance humano y espiritual de cada colaboración.
Porque la defensa de la fe, del patrimonio y de las tradiciones no se limita únicamente a preservar la memoria del pasado. También implica actuar en el presente, tender la mano a quienes más lo necesitan y contribuir al fortalecimiento de la comunidad. Y es precisamente en esa combinación entre historia, identidad, servicio y compromiso social donde la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig parece haber encontrado su mejor razón de ser.
Poco a poco, pero con paso firme, la institución continúa consolidándose como una entidad profundamente vinculada al municipio que le da nombre, comprometida con su gente y capaz de proyectar hacia el futuro los valores que han definido su legado durante siglos. Una Real Orden que mira a la historia para preservar sus raíces, pero que trabaja cada día desde el presente para seguir siendo útil a la sociedad valenciana.

