La Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig celebra en la Cruz de la Misericordia una jornada de fe, memoria y hermandad

LA VEU DEL PUIG

Abr 30, 2026 | Noticias

La Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig celebró este domingo una emotiva jornada de fe, tradición y convivencia en la Cruz de la Misericordia, el monumento espiritual que la institución erigió en 2015 en el enclave natural que une los términos municipales de Turís y Alborache, considerado el centro geográfico del antiguo Reino de Valencia.

Desde su construcción, la Real Orden mantiene el compromiso de acudir dos veces al año para celebrar allí la Eucaristía y renovar su vínculo espiritual con este lugar simbólico, concebido como una “oración en piedra” que representa la misericordia y la memoria histórica del antiguo Reino.

En este marco cargado de significado, la Real Orden celebró una solemne Eucaristía de campaña en exaltación de la Misericordia y de la Santa Cruz, que reunió a numerosos fieles, hermanos y hermanas de la institución.

El acto contó con la asistencia de los alcaldes de Turís y Alborache, así como de representantes institucionales de ambos municipios, reforzando el carácter integrador y comarcal de esta celebración. También participaron feligreses de localidades cercanas, miembros de la cofradía del Santo Sepulcro de Turís y el coro parroquial de Alborache, que aportó solemnidad y belleza a los momentos litúrgicos.

La Real Orden estuvo representada por su Capítulo Directivo, junto a numerosos hermanos y hermanas que se desplazaron para participar en esta cita anual.

Durante la homilía, el padre Don Álvaro reflexionó sobre la importancia de mantener vivos los valores que sostienen la convivencia y la identidad de nuestras comunidades, subrayando la necesidad de cultivar la fraternidad, la solidaridad y la esperanza en tiempos de incertidumbre. Invitó a los presentes a vivir esos valores “con autenticidad y coherencia”, recordando que la fortaleza de un pueblo se construye en los gestos cotidianos.

El sacerdote realizó también una bendición solemne de los términos municipales, elevando una oración por las familias, por las comunidades que conviven en la comarca y por todos aquellos que trabajan por el bien común. Fue un momento de profunda conexión con el territorio y con la historia compartida de Turís, Alborache y El Puig.

Reconocimiento al Excmo. Sr. D. Pedro Vicente Rubio Gordo

Finalizada la Eucaristía, tomó la palabra el Excmo. Sr. Dr. D. Juan Martín Cañizares Martínez, Gran Canciller de la Real Orden, quien fue el encargado de abrir el acto de homenaje al Excmo. Sr. D. Pedro Vicente Rubio Gordo. Sus palabras pusieron en valor la dimensión humana del servicio: “Es justo reconocer la labor discreta y, a veces, anónima de quienes sostienen con su tiempo, su paciencia y su entrega la vida de esta institución. También de sus familias, que comparten ese compromiso.”

A continuación intervino el Lugarteniente Mayor, Excmo. Sr. D. Pedro Ballester Fernández, quien pronunció un discurso solemne y profundamente emotivo en reconocimiento al Excmo. Sr. D. Pedro Vicente Rubio Gordo, Hermano Gran Comendador y responsable durante décadas del protocolo institucional.

“Nos convoca hoy el reconocimiento solemne a una vida de servicio. Durante más de cuatro décadas, su nombre ha quedado unido, de forma indeleble, al pulso vivo de esta institución.”

Recordó su entrega silenciosa, su lealtad inquebrantable y su papel esencial en la edición del Libro Azul de la Real Orden, así como su implicación decisiva en la creación del propio monumento donde se celebraba el acto: “Este lugar elevado en significado espiritual y simbólico no sería hoy realidad sin su concurso desinteresado, constante y fiel.”

La Real Orden hizo entrega al homenajeado de una metopa conmemorativa, símbolo visible de gratitud institucional.

Visiblemente emocionado, D. Pedro Vicente Rubio Gordo tomó la palabra junto a su esposa para agradecer el gesto de la Real Orden. Extendió el reconocimiento a todos los hermanos y hermanas, “a los presentes y a los que ya no están con nosotros”, y elevó una oración mirando a la Cruz de la Misericordia mientras los asistentes acompañaban el momento en silencio.

Hermandad y convivencia para cerrar la jornada

Tras los actos litúrgicos y el homenaje, los miembros de la Real Orden compartieron una comida de hermandad que se convirtió en un espacio de convivencia sincera y cercana. En un ambiente distendido, hermanos y hermanas pudieron reencontrarse, conversar y recordar anécdotas de años de servicio compartido.

Las mesas reunieron a distintas generaciones de la institución, creando un clima de camaradería que reforzó el sentido de pertenencia. No faltaron los brindis, los agradecimientos espontáneos y las palabras de reconocimiento hacia quienes mantienen viva la actividad de la Real Orden durante todo el año.

El encuentro concluyó con unas palabras finales del Lugarteniente Mayor, que agradeció la presencia de todos y subrayó la importancia de estos momentos de unión para fortalecer los lazos internos y renovar el compromiso colectivo con la misión de la institución.

La Real Orden, un legado vivo que sigue uniendo identidad, tradición y comunidad

La jornada celebrada en la Cruz de la Misericordia no fue solo un acto religioso ni un homenaje institucional: fue la expresión viva de una institución que mantiene intacto su compromiso con la memoria, la fe, la identidad y la tradición. La Real Orden de Santa María de El Puig demostró, una vez más, que su fuerza no reside únicamente en su historia, sino en la humanidad de quienes la integran, en la lealtad silenciosa de sus miembros y en la capacidad de transmitir valores que siguen siendo esenciales en un mundo cambiante.

En un tiempo donde la prisa y la desconexión parecen imponerse, la Real Orden ofrece un espacio donde la identidad encuentra refugio, donde la fraternidad se convierte en vínculo real y donde la tradición se vive con autenticidad. La Cruz de la Misericordia, convertida en símbolo y testigo, volvió a recordarnos que la comunidad también se construye en torno a la memoria compartida.

Desde La Veu del Puig, agradecemos profundamente la invitación a compartir esta jornada. Nos sentimos acogidos, acompañados y, sobre todo, parte de la familia que representa la Real Orden: una familia que honra sus raíces, que vive sus valores con coherencia y que proyecta hacia el futuro un legado que sigue iluminando a generaciones enteras.

Porque la Real Orden trabaja, día tras día, para preservar la fe, los valores, la identidad y las tradiciones que nos definen como pueblo, y para proyectarlos —con compromiso, responsabilidad y vocación de servicio— hacia un futuro más humano, más solidario y más unido.

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